- Nos manda un partido que pierde cada elección a la que se presenta, como volverá a ocurrir el domingo, y con un Gobierno trágicamente incompetente
Hubo un tiempo feliz e inocentón, previo a la taquicardia digital, en que el flujo de información decaía en los periodos vacacionales. Para rellenar sus páginas, los periodistas de antaño buscaban curiosidades. La más clásica quizá sea el Monstruo del Lago Ness, siempre fiel a su cita cada vez que mermaba la actualidad.
El Ness está muy arriba, en las Tierras Altas de Escocia, a unos diez kilómetros de Inverness. Se trata de un lago enorme, el segundo más grande y profundo de las Islas Británicas. Allí hay poca luz, mucho frío y toda la lluvia del mundo. Un paisaje ideal para inspirar leyendas, como la de que en sus aguas habitaba una serpiente marina prehistórica de dimensiones colosales, fábula que comenzó a aparecer en la prensa británica a comienzos de los años 30.
En 1934 se publicó la «fotografía definitiva» de Nessie, como se le acabaría llamando afectuosamente. El enorme gaznate del bicho emergía del agua de manera pavorosa. Pero todo resultó ser un montaje, una fotografía de estudio armada con un juguete de goma de los viejos almacenes Woolworth’s. Hoy la teoría más asentada es que Nessie era como mucho un siluro, un pez de gran tamaño, convertido por la fantasía popular en el monstruo legendario.
Distraer al público hablando del monstruo del Lago Ness ya ha pasado de moda. Excepto en Sanchistán, donde el Gobierno sigue recurriendo a serpientes informativas para distraer al respetable cada vez que el Líder Supremo se queda en paños menores. El Gobierno de la simulación nos lanza un hueso, y los medios, e incluso la oposición, corremos como perrillos alborotados tras él. Maniobras de distracción de la Moncloa en las últimas semanas: 1.- Julio Iglesias es un peligrosísimo crápula. 2. Regularización súbita de inmigrantes, disparando el efecto llamada. 3.- Presentación de una coña apodada pomposamente por el simulador en jefe como «fondo soberano». 4.- Prohibición de las redes para menores. 5.- La última bobería, que consiste en presentar a Sánchez en las teles del régimen como el paladín mundial del «progresismo» que se está partiendo la cara contra el terrible ultra Elon Musk (cuando Twitter estaba totalmente escorado a babor y cuando en las redes se subían hasta manuales yihadistas para fabricar bombas, a la izquierda le parecía todo estupendo, ni una queja).
Seremos muy pánfilos si nos dejamos distraer por las cortinas de humo oficialistas. Lo que no se puede ni debe olvidar es gravísimo: el constante descuido de la gestión por parte de Sánchez ha provocado la total degradación del sistema ferroviario, antaño un orgullo nacional, que tocó fondo de manera trágica el pasado 18 de enero, con los 46 muertos y casi 300 heridos de Adamuz, a los que siguió tres días después otro siniestro en Cataluña con un muerto y 37 heridos. No ha dimitido nadie, ni siquiera el bravucón ministro, que antes de la tragedia perdía su tiempo insultando en X a jueces y periodistas. El presidente ha despreciado el dolor y duelo por las víctimas. Y Puente ya ha llegado a su conclusión autoexculpatoria: el accidente, provocado por una vía mal soldada en una zona donde los maquinistas habían dado numerosos avisos, se debe en realidad «al PP y al cambio climático». Era visto, Óscar, el tren descarriló empujado por la derecha y la ultraderecha negacionistas.
Manda en España un presidente de cartón piedra que ni siquiera gana las elecciones y que dirige un partido que ha perdido de una tacada las últimas municipales, autonómicas, europeas y generales (y que el domingo recibirá otro repaso épico en Aragón). Nos gobiernan aquellos que acaban goleados cada vez que se presentan ante una urna. Curiosa forma de democracia.