Francisco Rosell-El Debate
Hace una decenio, las televisiones privadas competían por un formato de éxito que obedecía al título de Pekín Express en el que diez parejas de concursantes recorrían 10.000 kilómetros en pos de un premio de 100.000 euros, amén de otras recompensas que iban agregando en las distintas etapas a modo de metas volantes de las rondas ciclistas. Tal vez a algunos españoles hayan evocado aquel programa con el fin de semana turístico del matrimonio Sánchez Gómez por tierras chinas, antesala de su viaje oficial, sin reparar en el trasfondo del movimiento en marcha por parte de esta pareja a la fuga.
Sin embargo, su estadía no trata solo de poner tierra de por medio con su infierno de corrupción, sino consolidar un giro copernicano en la política exterior de España que la aleje de sus socios occidentales sin aval –como tampoco con la entrega del Sáhara a Marruecos contraviniendo el mandato de la ONU– del órgano de representación de la soberanía nacional. De hecho, con Francina Armengol de ama de llaves, las Cortes parecieran estar fiscalizadas por el Ejecutivo como la dictadura china que tiene en Sánchez «nuestro hombre en Bruselas».
Al cumplimentar su peregrinación por cuarto año consecutivo al titán asiático, hay que convenir que nunca imaginó Pablo Iglesias, causa del insomnio de Sánchez, que la España sanchista sería hoy aliado estratégico del régimen comunista chino, cuya eficacia fue el primero en blanquear con la covid cuyo origen ocultó con el beneplácito de la Organización Mundial de la Salud, y que auspicie en Barcelona una cumbre de la internacional comunista dizque progresista. Nada que ver con aquel PSOE que ancló España en la OTAN hasta aupar a uno de ellos –el exministro Solana– al rango jefe de una Alianza Atlántica de la que hoy se aparta, y cuyo refundador en Suresnes, Felipe González, se rodeaba de preclaros socialistas como Willy Brand, Olof Palme, François Mitterrand o Mario Soares rehuyendo a los eurocomunistas de su época.
No cabe duda de que las revoluciones –como constató la francesa– devoran a sus hijos, pero es que Sánchez se ha apropiado de todo lo que le afeaba a Iglesias en 2016 hasta expropiarle a Podemos sus benefactores de la Venezuela chavista y el Irán de los ayatolás que lo capitalizaban y dotaban de aparatos de propaganda como Hispán TV. Hoy Sánchez, tras el aterrizaje clandestino de Delcy Rodríguez en Madrid en enero de 2020, es el referente del chavismo que le financió su campaña a la Presidencia de la Internacional Socialista tras dejar en la cuneta a la oposición democrática, China aplaude su «resistencia» ante Bruselas, Washington y la oposición española, e Irán estampa su efigie en la ojiva de sus misiles. Entretanto, Iglesias recoge las propinas que desdeña en el platillo aquel que le robó la cartera y le desvalijó los votos tras pretender conquistar el cielo.
A este respecto, rememorando al popular cómico Eugenio con su atuendo negro, sus gafas oscuras, su cigarrillo encendido y su vaso de whisky, habría que preguntarse igualmente: «¿Saben aquel que diu…?»: «Yo le decía: Pablo, ¿qué te parece si recuperamos los convenios colectivos? Y él decía, bueno, eso me parece fundamental, pero es mucho más importante controlar a los jueces y a los fiscales. Bueno, ¿y qué te parece si recuperamos la universalidad de la sanidad pública? Bueno, eso es importantísimo, pero, ¿qué te parece si controlamos a los espías y a los policías? Bueno, ¿y qué te parece si reconocemos las becas como un derecho o defendemos a los autónomos (…) Bueno, pero antes tendremos que controlar RTVE.».
Lo aseveró Sánchez en su mitin de cierre de campaña de las elecciones de junio de 2016 en Sevilla burlándose de las prelaciones de Iglesias al que emplazaba –«¡Qué lo expliquen, qué expliquen eso!»– a que le transmitiera a los parados que «el cambio comenzaba por controlar a los jueces, a los espías, a los fiscales, a la Policía». Al cabo del tiempo, el plan de 100 páginas de Pudimos que rechazaba muy digno lo ha satisfecho ampliamente «Noverdad» Sánchez secundando la táctica del salami consistente en pequeños pasos, en apariencia insignificantes, para lograr el objetivo deseado sin provocar una reacción negativa o la reprobación internacional.
Pero, al margen de reajustes internos en la izquierda y del retorno del PSOE al bolchevismo de Largo Caballero vertiéndolo en odres nuevos, lo llamativo es que ese volantazo geoestratégico que distancia a España del orbe occidental lo opera quien ni siquiera cuenta con votos para aprobar en toda la legislatura algo tan básico en un régimen parlamentario como los Presupuestos, a la par que perpetra un autogolpe contra el Estado de Derecho colonizando sus instituciones y con su partido adquiriendo visos de organización criminal. Como acredita el primer juicio contra su mano derecha en el gobierno y en partido, José Luis Ábalos, y su asistente Koldo Eizaguirre, quienes le condujeron en un Peugeot a Ferraz, ese visible lavadero de dinero negro, y a La Moncloa, ese centro de negocios de su consorte.
Ante esa aplastante realidad, Sánchez traslada su teatro de representaciones a China para su jubileo con San Xi Jinping, con Pekín como faro ideológico, a cambio de que La Moncloa sea una franquicia del gigante asiático que, a través de una compañía propiedad del Partido Comunista como Huawei, controla comunicaciones españolas tan vitales como las escuchas judiciales. Ello abunda en que Bruselas y Washington perciban al Gobierno español como un caballo de Troya chino al igual que otros países del antiguo bloque soviético como la Hungría de Orbán, a modo de cara y cruz del yuan.
Remachando ese clavo, a las 48 horas de su cita, Sánchez será anfitrión de miembros del Grupo de Puebla como Lula da Silva, Gustavo Petro o Yamandú Orsi en la cumbre del «Global Progressive Mobilization». A esa avanzadilla se ha sumado a última hora la presidenta mexicana Sheinbaum, luego de que Felipe VI abonara el peaje exigido a propósito de los excesos españoles en la conquista de México, luego de que el PSOE –aun participando con el PRI en la Internacional Socialista– se hermanara hace meses con el partido Morena por medio del imputado Santos Cerdán como secretario de Organización.
Mientras tanto, Sánchez juega al despiste como aquellos gobernantes que, durante la Guerra Fría, engrosaban el movimiento de países teóricamente no alineados, pero a las órdenes de la URSS con la misma observancia de sus países satélites del Pacto de Varsovia, aunque blandieran un pacifismo tan mendaz como el que el presidente español esgrime para halagar a las tiranías china e iraní. Por eso, como se visualizó en Gaza, Sánchez instrumentaliza esos litigios para sus batallas domésticas y traduce las treguas como reveses a sus expectativas.
Entre tanto, China enfunda en guante de seda el puño de hierro de su rearme militar para suplantar a EEUU en la hegemonía mundial, coincidiendo con el centenario de la creación de la República Popular China por Mao en 2049. En contraste con su institutor, Jinping no apoya movimientos internacionales, sino que disfraza su ya indisimulable fuerza hasta que llegue la hora de pasar del segundo plano en el escenario mundial a protagonizarlo. Usando desde 2013 la Ruta de la Seda como artefacto para configurar un nuevo orden mundial antagonista de las democracias liberales y el régimen de la masacre de Tiananmen, aparenta una capacidad a duras penas evaluable tras esa Gran Muralla que, para Sánchez, es todo un modelo de su muro contra la alternancia política en España.
Ahí estriba el gran peligro del Pekín exprés de los Sánchez Gómez, aprisionados por la corrupción familiar y de partido. Por eso, el It feels good to be european («Se siente bien ser europeo»), con el que el inquilino monclovita ha exhortado a la voz de ya a instaurar un ejército europeo que sustituya a la OTAN tras promover la supresión del Ministerio de Defensa como candidato, habría que enmendarlo con un It feels good to be chinese. Sabedor de la imposibilidad manifiesta de su tentativa, solo procura sabotear la Alianza Atlántica tras ambicionar hace años su secretaría general hasta serlo finalmente Mark Rutte, excanciller de Países Bajos, en 2024.
Pero así es este presidente de la mentira que descarrila la democracia española y el orden liberal europeo, engrosando de facto los países BRICS (China, Rusia e India, primordialmente), mientras Iglesias regurgita su frustración. De ahí que los dictadores del globo estén encantados con quien tiene como prioridad absoluta perpetuarse y ser tan intocable como el «Líder Supremo» Xi Jinping valiéndose de amenazas y coacciones sin atenerse a las reglas que preservan la libertad y la democracia.