Olatz Barriuso-El Correo
- Sabin Etxea aguarda expectante al desenlace de la Comisión Mixta del viernes para calibrar hasta qué punto se desentiende de su alianza con Moncloa
Al margen de las que llegan desde Venezuela y Washington, la imagen de esta semana política es la de Oriol Junqueras recibido en Moncloa por primera vez, y con todos los honores, para anunciar un pacto de financiación autonómica que supondrá, en principio, casi 5.000 millones extra para Cataluña y que pone más cuesta arriba si cabe la campaña al PSOE en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Se han hecho múltiples interpretaciones sobre las intenciones de Pedro Sánchez al rehabilitar políticamente al líder de ERC con una lluvia de dinero –salvar a Illa y al PSC, granero de votos clave para su supervivencia; lanzar el mensaje de que sigue vivo y con aliados o hasta «fastidiar» a Carles Puigdemont– pero de lo que no cabe duda es de que la imagen supone un agravio comparativo para un PNV compuesto y sin las transferencias que esperaba antes de Nochevieja para seguir hilvanando, mal que bien, el relato político de su apoyo al Gobierno de PSOE y Sumar.
«Veremos qué hace. Nadie sabe qué pasa por su cabeza», reconocen los jeltzales en puertas de la convocatoria el próximo viernes de la Comisión Mixta de Transferencias, aplazada tras el fracaso de las negociaciones en diciembre para cerrar media decena de traspasos supuestamente ya acordados y comprometidos desde verano: las prestaciones de desempleo, las no contributivas, el seguro escolar, Salvamento Marítimo y el Centro Nacional de Verificación de Maquinaria de Barakaldo.
El alcance de la cita va, sin embargo, mucho más allá de esas cinco materias concretas: es una especie de paso del Rubicón para el PNV en su relación, llena de altibajos, con Sánchez –máxime tras el balón de oxígeno ofrecido a Junqueras– y un test de estrés, de rebote, para la alianza de los de Aitor Esteban con los socialistas en Euskadi. El desplante de Moncloa se había interpretado en SabinEtxea como la constatación de que el presidente del Gobierno daba por amortizada la legislatura (y a sus socios) para que las cesiones a los nacionalismos –un «suicidio político» para la izquierda, ha alertado el barón díscolo Emiliano García-Page– no ensombrecieran aún más sus expectativas en las urnas. En definitiva, colegían los jeltzales, el presidente daba señales de fiar todas sus opciones de supervivencia a la política exterior y a su papel de némesis europea de Donald Trump.
Sin embargo, el acuerdo anunciado con los republicanos –que vuelve a poner sobre la mesa la exigencia de un Concierto catalán a la vasca, lo mínimo con lo que se conformaría Junts– sugiere que Sánchez vuelve a creer en los milagros y en la posibilidad de que, espoleado por el antitrumpismo y los errores del PP, pueda sumar de nuevo una mayoría tras unas generales con sus antiguos aliados de investidura.
El membrete en la carta
En todo caso, la sensación en Sabin Etxea y Ajuria Enea oscila entre el desconcierto y el enfado. Sobre todo, por el desgaste que acarrean los magros resultados de su apoyo a Sánchez y por la imagen de ninguneo e impotencia para hacer cumplir lo pactado que transmitieron las diferencias insalvables constatadas entre los Gobiernos central y vasco para cerrar unos supuestos flecos técnicos que no lo son tanto. Más bien, se trata de discrepancias de enjundia sobre el sistema de financiación de las transferencias, sobre todo en aquellas materias que abren el siempre temido melón de la Seguridad Social.
Es decir, no sólo está en juego el reconocimiento de la titularidad del Gobierno vasco en las oficinas, los funcionarios y las prestaciones que ahora abona el Sepe y que pasaría a gestionar Lanbide, sino quién las paga. «Para ellos es muy importante poner el membrete en la carta. Pero no tenían por qué haber forzado tanto la fecha. O al menos podrían haber consultado antes con nosotros, también por ejemplo en lo respectivo al traspaso del Puerto de Pasaia sin la etiqueta de interés general. Pero el lehendakari ha preferido dejarlo todo en manos de Ubarretxena (María, consejera peneuvista de Autogobierno) y ahora se lamenta», opinan en el PSE.
De hecho, esas mismas fuentes señalan que Imanol Pradales, preocupado por las resistencias encontradas en Madrid, mucho mayores de lo esperado, pidió al líder del PSE, Eneko Andueza, que sondeara a Moncloa e intercediera a favor de unos traspasos que, además, conciernen de manera directa al PSE porque sería el departamento de Trabajo y Empleo del vicelehendakari segundo Mikel Torres el encargado de gestionarlos. La sensación en las filas socialistas es que el próximo 16 de enero todos los implicados podrían salvar la cara y tomar aire con un acuerdo en la Comisión Mixta que satisfaga a ambas partes.
Cunde la impresión de que sólo el impulso político directo de Sánchez desbloqueará la situación. «Ni al Gobierno vasco ni al PNV ni al PSE les interesa que esto se enquiste. Y mucho menos a Pedro (Sánchez), que es el último interesado en que la relación con el PNV se estropee», abundan. Sin embargo, en Ajuria Enea, el entorno del lehendakari no es precisamente optimista. «A día de hoy, no tenemos buenas sensaciones», admiten a una semana de la cita decisiva. «Han pasado las Navidades y no tenemos la sensación de que haya sido un tiempo aprovechado», lamentan. Hacen falta «hechos y pruebas», inciden, para alimentar el optimismo y, de momento, no se ha avanzado, reconocen.
En todo caso, la esperanza de los jeltzales reside en que, con la vista puesta en la próxima legislatura, Sánchez no quiera predisponerse en contra al PNV. «Sabe que si no cumple ahora, no habrá ninguna opción de pactar en el futuro», advierten. De momento, la cúpula peneuvista contiene la respiración, aunque hay quien da señales de haber perdido ya la paciencia. Ha sorprendido, en ese sentido, tanto dentro del partido jeltzale como en sus socios del PSE la «salida de tono» del alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, que este mismo jueves pedía elecciones ya. «En esta situación de absoluta incertidumbre y confrontación, es el momento de dar la palabra a la ciudadanía», reclamó el regidor bilbaíno para sorpresa de propios y extraños.
Por libre
En el PNV lo achacan a que el alcalde iba por libre y «para nada» a una estrategia para empezar a soltar lastre y a desentenderse de su alianza con Moncloa.De hecho, Sabin Etxea está convencida –y así lo ha hecho saber Aitor Esteban en público– de que la legislatura no se agotará y Sánchez disolverá las Cortes a lo largo de este 2026. Pero ni siquiera el líder del EBB ha llegado a exigir urnas ya, sino que las ha condicionado a que Moncloa detenga la «hemorragia» de escándalos que le salpican. De hecho, la impresión es que los comicios podrían situarse en otoño, pese a las desastrosas expectativas del ciclo electoral que arrancó en Extremadura. Tiempo suficiente para que el PNV pueda arrancar al presidente del Gobierno no sólo las políticas pasivas de empleo sino algún hito estatutario más, o incluso un compromiso sobre el nuevo estatus que negocian en paralelo a tres bandas PNV, PSE y EH Bildu.
La temperatura definitiva de la alianza se tomará cuando tanto Esteban como Pradales comparezcan este enero –al menos así lo tienen previsto sus respectivos equipos– para dar cuenta de la «reválida bilateral» que el lehendakari anunció hace un mes en el foro Expectativas Económicas de EL CORREO. Ahí afrontarán ambos la hora de la verdad, aunque en ningún caso se prevé que escenifiquen una ruptura formal con Sánchez al estilo de Puigdemont que colocaría en la cuerda floja el pacto con el PSE.Cosa distinta es que si el incumplimiento de los compromisos es flagrante suban el tono o den por «rota la confianza» con Moncloa. Pero hasta ahí. En ningún caso contemplan sumarse a una moción de censura que requiera del concurso de Vox. «Más allá de eso no tenemos margen para hacer nada más», asumen los jeltzales.