Iñaki Ezkerra-El Correo
- La crisis de Ceuta, que en otro país europeo podría haber hecho caer al gobierno, al presidente puede fortalecerle
Es una pintoresca paradoja de la vida nacional: lo que en cualquier otro país europeo podría haber provocado la caída de todo un gobierno, como es la crisis de Ceuta y la inacción ante la violación de nuestras fronteras, a Sánchez puede hasta fortalecerle y traducirse en un premio a su catastrófica gestión. Un factor determinante en ese giro de los hechos es la obvia capacidad del actual presidente para tender una cortina de humo o un muro de cemento sobre su desaguisado y para traspasar las responsabilidades en este a la oposición. La verdad es que inspira perplejidad comprobar cómo en una semana el problema ya no es la entrada violenta de 70.000 individuos que se produjo en Ceuta el pasado 30 de julio ni la asombrosa inacción de nuestras fuerzas de seguridad, ni los 150 muertos que ya han sido contabilizados, ni tampoco los 6.000 inmigrantes sin recursos o los peligrosos miembros de las mafias que se han quedado dentro y que requerirían de un urgente peinado que los saque de territorio español. De pronto el problema ya no es la falta de respuesta policial y política ni los destrozos causados en semejante asalto ni el deterioro de la vida cotidiana, la seguridad y la convivencia de la población ceutí, que puede agravarse en las próximas semanas y causar la huida de habitantes a la península (¿es ése es el propósito a medio y largo plazo de la operación?) ni el secretismo dictado desde el Gobierno. De pronto el problema no es otro que las diferencias que deben ventilar o superar el PP y Vox en cuanto al tratamiento de los menores extranjeros no acompañados.
Pasó antes con la dana de Valencia (el problema no era la pasividad del Gobierno sino Mazón) y ha pasado también con los incendios del verano en toda España: el problema es el ático de Ayuso y no la falta de inversión y previsión de un Gobierno que tuvo a Teresa Ribera como titular del Ministerio para la Transición Ecológica hasta noviembre de 2024 y que, tras su brillante gestión seguida de la ausencia en la tragedia valenciana, fue premiada con la vicepresidencia primera de la Comisión Europea para la Transición Limpia, Justa y Competitiva. Este personaje va de transición en transición.
Sí. Sánchez se puede permitir recomendarnos sonriente su ‘playlist’ de canciones veraniegas dos días después de iniciarse la tragedia en Ceuta e irse con la churri imputada de vacaciones a La Mareta porque el distinto tratamiento de esta crisis -moderado en el PP y radical en Vox- va a provocar el crecimiento de este último y una división de los votos en la oposición. Ceuta puede no acabar castigando a Sánchez en unas elecciones sino premiándolo. Ésta es la paradoja. En cualquier país europeo Ceuta tendría un caro precio político. Pero España sigue siendo diferente.