Agustín Valladolid-Vozpópuli
- Con el que fuera fontanero jefe en Moncloa como candidato en Madrid, el PSOE hace una arriesgada apuesta que garantiza el fracaso y puede que algo más
Eran tres, los López. Ya solo aguantan dos. Por el camino se ha quedado Silvia López Quivira, militante de base de la agrupación de Chamartín. Abogada. Una outsider. La segunda López, Enma, sigue en la carrera. 1.080 avales, la mitad enviados desde el ordenador de casa por los militantes. En todo caso, bastantes más de los que hacían falta. Nos la han vendido como una sorpresa, pero no cuela. López, Emma, es una apparatchik de libro. Con 16 años ingresó en el PSOE, y nada más cumplir los 18 ya fue incluida en la lista del PSdG-PSOE por Pontevedra en las elecciones de 2005 al Parlamento de Galicia. En la actualidad es portavoz adjunta del Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Madrid. Nadie llega hasta ahí sin profesar fe de sanchismo. Lista. Con bagaje académico no desdeñable, pero siempre pegada a lo público.
Enma López es un invento, un buen invento, para intentar echar a su jefa: Maroto, Reyes. Es esta, y no Enma, la que ha decidido dar la batalla. La que ha decidido resistir. A la exministra y actual portavoz del PSOE en el consistorio de la capital la dan por amortizada. La da por amortizada el aparato, o sea el otro López, Óscar. Y puede que tenga razón. Solo que en aplicación de criterios similares, a la hora de enseñar a los candidatos el camino hacia la jubilación anticipada, López, Óscar, igual también debiera darse por aludido.
A Maroto se le apareció la virgen cuando María Jesús Montero se opuso a que la SEPI volviera a su lugar natural, el Ministerio de Industria. Y mira ahora, 25 imputados, récord en una institución pública. Pero hubo otros altos cargos, que lo fueron durante el mandato de Maroto en Industria, que andan con los tricornios rozándoles el cuello.
No se trata de ganar, solo de controlar
A Maroto la quieren sacar de la carrera porque es una pésima candidata -ya lo era antes-; y por lo que pudiera pasar. Lo que llama la atención es que ambas circunstancias se le pueden endosar a Óscar López, y probablemente la segunda con mayor rigor. Óscar y Antonio, Hernando, este ubicado por la UCO en la reunión fundacional de la trama alcantarillera, han conformado una de esas parejas de baile político indisolubles. Primero contra Pedro Sánchez. Después a favor de Sánchez. Tenían que hacerse tanto que perdonar, queda tanto wasap por exhibir, que cualquiera sabe lo que todavía no sabemos (salvo quizás el juez y la Guardia Civil). Ni hasta dónde han sido capaces de llegar.
Demasiado riesgo para dar la dura batalla de Madrid. Un partido serio, a la vista de los antecedentes y de tanta mano achicharrada, no debería correrlo. Riesgo e irresponsabilidad. La candidatura de López, Óscar, solo se explica si no se trata de ganar, sino de garantizarle a Sánchez el control del partido en Madrid. Como en Aragón y Andalucía. O como se intentará en la Comunidad Valenciana y no se pudo hacer del todo ni en Extremadura ni en Castilla y León. Pero en Madrid el coste a pagar por el partido aún puede ser mayor.
Con la volátil candidatura de López, el PSOE siquiera se garantiza lo que parecía tener ya en la mano Juan Lobato, hasta que lo sacrificaron: el segundo lugar en el cajón. El liderazgo, al menos, de la Oposición. Con un horizonte, de aquí a mayo de 2027, plagado de minas judiciales, el yoquepierdismo socialista es doblemente insensato, y pone de manifiesto los nulos escrúpulos de Sánchez cuando se trata de poner las siglas del partido a su exclusivo servicio.
Aquelarre sacrificial
¿De verdad no había otro? ¿No hay en todo el PSOE de Madrid alguien más joven, más fresco, sin rastro de culpa en el guardarropa? ¿No hay otro Ángel Gabilondo del que echar mano? A los que desde la izquierda periférica, con esa satisfacción simplona que provoca el desconocimiento, insisten en la idea de que Madrid es una comunidad de derechas, yo les suelo recordar que no hace mucho, en mayo de 2019, el candidato Gabilondo le ganó con gran soltura las elecciones a la derecha. Más de cinco puntos de diferencia le sacó al Partido Popular. PSOE, 37 escaños; PP, 30. Solo dos años después, con el partido abrazado al sectarismo de Pablo Iglesias, se produce el gran vuelco: PP, 65; PSOE, 24.
Pensar que López ‘Me pido Paradores’, vapuleado como candidato en Castilla y León, jefe de la fontanería de Presidencia del Gobierno en una fase llamémosla delicada, puede arañarle un solo voto a Isabel Díaz Ayuso, o al menos ganarle la posición a Mónica García, es casi peor que la expectativa de una entelequia autocumplida. Es un aquelarre sacrificial del que el partido tardará en recuperarse otra eternidad. Una bofetada a los votantes progresistas que abominan del sectarismo y que, de paso, mermaría las opciones al menos más favorables de la candidata al ayuntamiento, siempre y cuando fuera Enma López quien ganara las primarias.
Pues eso: que el PSOE, la izquierda en su conjunto, en Madrid sale de nuevo a perder.