Editorial-El Correo
El ERE anunciado por Tubos Reunidos en sus dos plantas en Euskadi, que suman 1.300 trabajadores, representa una nueva señal de alarma en el tejido industrial vasco, víctima de su propia fragilidad para ser competitivo y de las dificultades para la exportación impuestas por los aranceles de Estados Unidos, destino de una parte sustancial de su producción. Tras los cierres de Mecaner y Guardian, la supervivencia de la empresa especializada en productos tubulares de acero constituye todo un reto que presumiblemente exigirá la colaboración de la Administración pública y la inversión privada. Se trata de un terreno resbaladizo, pese al interés compartido por los gobiernos central y vasco por mantener sus capacidades. El ministro de Industria ofrece una ayuda «proactiva», tras el rescate de la firma en 2021 a través de la Sepi. Modelo que el consejero vasco cuestiona por agravar su deuda. Precisamente, las operaciones lideradas por el Ejecutivo de Imanol Pradales, con el apoyo de socios bancarios y empresariales, han permitido el arraigo de Talgo, Ayesa y Uvesco. La clave no solo es cómo sostener la industria de forma equilibrada y sin agravios. Es también crear las condiciones para renovar el tirón del País Vasco y atraer talento.