- Sheinbaum es científica de profesión; debería leer más historia. Que lea a su compatriota Juan Miguel Zunzunegui, con páginas indiscutibles sobre aquel periodo, o al argentino Juan Marcelo, o a la española Elvira Roca Barea, por referirme a nuestros contemporáneos
Se comentan mucho las palabras del Rey ante el embajador de México sobre las acciones españolas en el Nuevo Mundo hace cinco siglos, incluyendo «muchos abusos». Sonaron a disculpa. El gobierno inmediatamente jaleó la intervención. Hubiese sido más prudente que el Rey no entrase en un terreno vidrioso desde la Leyenda Negra, utilizada, interesada y falsamente por la izquierda que olvida lo que le conviene. O ignora la historia.
Las palabras del Rey tienen un antecedente y en sentido contrario. Felipe VI permaneció sentado ante la espada de Bolívar en la toma de posesión de Gustavo Petro como presidente de Colombia. La espada fue robada en los años 70 por el M19, grupo guerrillero al que perteneció Petro. El paseo de la espada estaba fuera del protocolo y no es un símbolo oficial de Colombia. Pero nunca faltan listillos. La entonces ministra Ione Belarra pidió una disculpa del Rey. El diputado Honrubia, también de Podemos, llamó facha a Felipe VI y lamentó que en el pasado no se aplicara la guillotina en España. Muy fino.
Ni Belarra ni Honrubia citarían tres batallas de Bolívar; son ignaros. Desconocen su pensamiento político; se llevarían una sorpresa. Tampoco saben dónde murió. Bolívar falleció, enfermo, desencantado y alejado por los suyos, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, acogido por su dueño, el noble español Joaquín de Mier y Benítez. Bolívar tiene una estatua ecuestre en Madrid, inaugurada en 1970. Hay que juzgar los hechos desde las circunstancias de la época en que se produjeron. Otro es el proceder habitual de los ignorantes.
Su intervención ante el embajador mexicano acaso fue una nueva utilización del Rey por Sánchez. Se le veía incómodo. Ese marcaje al Rey por el gobierno no es único. Sánchez viene utilizando a Felipe VI, o tratando de hacerlo, según su conveniencia política. Hay ejemplos sonoros en temas de protocolo, y otros más graves que, a veces, favorecen operaciones del gobierno o de sus cercanos, y no siempre tienen detrás política; también negocios. Por ejemplo, el viaje regio a China promovido por el Gobierno, uno de los caladeros económicos de Zapatero, con reiteradas visitas del propio Sánchez. A menudo inquietan a la UE y a Estados Unidos con decisiones gubernamentales que afectan a la seguridad, como Huawei, un gigante tecnológico chino, o ‘China Communication Construction Company’, sancionada por Estados Unidos. China compró la central solar de Mula, un sector clave no exento de historias en España. Recordemos Forestalia, en los tribunales por presunta corrupción.
Sheinbaum, presidenta de México, recibió las palabras del Rey no como esperaba el Gobierno. No aseguró su presencia en la Cumbre Iberoamericana de Madrid en noviembre, lo que el Gobierno buscaba, ni se consideró satisfecha. Admitió que el de Felipe VI (se refiere a él como jefe de Estado) fue «un gesto de acercamiento», pero exigió avanzar en un «reconocimiento de excesos y exterminios que hubo durante la llegada de los españoles». Sheinbaum es científica de profesión; debería leer más historia. Que lea a su compatriota Juan Miguel Zunzunegui, con páginas indiscutibles sobre aquel periodo, o al argentino Juan Marcelo, o a la española Elvira Roca Barea, por referirme a nuestros contemporáneos.
España en América acabó con el canibalismo, sacrificios humanos y otros ritos macabros, legisló sobre igualdad de derechos, prohibió la esclavitud, educó a los aborígenes, fomentó los matrimonios interraciales (en Estados Unidos estuvieron penados hasta 1967), fundó ciudades, construyó universidades, hospitales y catedrales. No eran colonias. Civilizó y evangelizó aquellas tierras. Lo saben quienes buscan la verdad. Nada que ver con lo ocurrido en territorios de Gran Bretaña, Francia, incluso en la ocupación de América del Norte tras la aventura del ‘Mayflower’.
El Rey es árbitro y pita las faltas. En un comentario supuestamente informal, no estará obligado a utilizar cartas marcadas. Lejos el ¿por qué no te callas? de Juan Carlos I a Chávez. Nuestra historia suma enseñanzas. Descolocar a los propios para contentar a los ajenos, o peor, puede tener consecuencias indeseables. Algo así ocurrió con Alfonso XIII y se encontró solo. Sanjurjo, jefe de la Benemérita en aquel abril de 1931, confesó a Romanones que no contaban ni con la Guardia Civil. De la popularidad al desdén. Preocupante.