José A. Pérez-ABC
- Los únicos que asoman la patita como Page, que ha decidido volver a presentarse para ver el cadáver de su enemigo pasar, seguirán en la lucha solitaria
Cómo no recordar esa mítica escena de la insuperable y no menos mítica película de «El Resplandor», cuando un enloquecido Jack Nicolson rompe a hachazos la puerta de la habitación donde se refugian Wendy y Danny y, con cara de manicomio, les aterroriza con ese «ya estoy aquí», dispuesto a trocear a sus dos cabritillos que han osado desafiarle.
Con esa escena deben soñar algunos en el PSOE, por las noches, cuando se están pensando si desafiar al líder a riesgo de que acaben despedazados por el aparato del partido o siguen pastando en el rebaño dócil y comodo del silencio de los corderos socialistas.
Que ninguna oveja de la sumisa manada se haya atrevido a levantar la voz, después de lo que está ocurriendo noche tras noche electoral, es impresionante.
Decía esta semana la otrora batalladora Susana Díaz en el Espejo Público de Griso, que ella no era una cobarde, como acababa de llamarla Jordi Sevilla a quienes están horrorizados pero les faltan valentía.
Sánchez va a dejar el partido como un erial cuando se vaya, si es que se va. Al socialismo español le va a costar no menos de ocho años recuperarse del peor y más peligroso líder que haya tenido en su historia. Pero nada ni nadie va a hacer nada de momento. Seguirá la tierra quemada de Castilla y León y luego la de Andalucía pero nadie se moverá.
La certeza de acabar despedazado políticamente, expulsado y machacado sin piedad por las redes sociales que manejan los monclovitas, es mayor que el intento de hacer justicia al justiciero y de poner fin a quien pone por delante su enloquecida ansia de poder al futuro del socialismo.
Él ha tejido una red orgánica de control territorial del partido que impide cualquier respuesta.
Dicen en los cuarteles socialistas que la única posibilidad es el municipalismo. Que, tras el desastre autonómico, puede, y solo puede, que los alcaldes vean venir el hacha y entonces alguien se levante, ponga pie en pared y exiga un adelanto de las generales antes de las municipales, que evite la desaparición definitiva del poder territorial socialista. Pero eso no ocurrirá, si ocurre, antes del último trimestre del año, aseguran. Nunca antes.
Y, mientras, los únicos que asoman la patita como Page, que ha decidido volver a presentarse para ver el cadáver de su enemigo pasar, seguirán en la lucha solitaria.
Y, cuando pase todo eso, si pasa, será hora de saber quién hay ahí para recomponer eso.
Y no será Page, quien ya estará mayor para meterse en guerras de ocho años, aunque si apoyará a quien, más joven, con buen cartel y con respaldo, tome las riendas del asolado rebaño.
Según no pocos en el PSOE es alguien llamado Eduardo y apellidado Madina. Otros no lo ven tan claro. Pero ahí está el nombre.
Page está deseando acoger en sus brazos y dar la bienvenida a quien decida dejar de ser cobarde y se pase al mini ejército de los valientes, pero de momento nadie llama al Palacio de Fuensalida -sede de la presidencia castellanomanchega-.
Y, mientras tanto, en el PP siguen digiriendo el tema Vox. Dicen los que saben en Génova, que lo de la Ejecutiva Nacional del partido el pasado lunes se pareció bastante a un funeral disfrazado de fiesta falsa. Y que Feijóo dijo la frase del día a los suyos respecto a Vox: «A mí tampoco me gusta pero es lo que hay». Y que les espetó a los alcaldes que ya estaba bien, que hay que ponerse las pilas y empezar a trabajar en favor de los futuros candidatos autonómicos y salir del letargo municipal.
Y, para rematar la faena, nos queda Rufián, el nuevo pijo progre del Congreso, que quiere ser el líder de no se sabe muy bien qué. Debería pensar mejor en quitarse antes de encima esa fama de chico poco trabajador que tiene en los salones del Congreso. Los suyos están hasta el gorro de hacerle el trabajo mientras el luce palmito, y de verle de largas cañas en los bares despues de cada aparición estelar. Es hora de que trabaje un poco, susurran por las esquinas.