Ignacio Camacho-ABC
- Salvo que Feijóo sepa algo que los demás no saben, parece prematuro especular con el procesamiento de Sánchez
En este momento no existe constancia de ningún indicio penal que permita barruntar el procesamiento inminente de Pedro Sánchez. Y si llegara a aparecer en alguna de las pesquisas en curso sobre su entorno o sus familiares, es bastante difícil que los tiempos judiciales permitiesen su eventual imputación antes de que la legislatura acabe. Por tanto, fantasear con ese supuesto –como ha hecho Feijóo al proponer una modificación legal que evite la posibilidad de que el Congreso plantee al Tribunal Supremo un conflicto de legitimidades– parece a día de hoy una especulación poco razonable… salvo que el líder de la oposición sepa algo que desconocen los demás mortales. Mientras no haya al respecto información relevante, y por ahora no la hay, los populares deberían dejar de soñar con ver al presidente en el banquillo y concentrarse en la obligación de ganarle, un objetivo que tienen a su alcance sin necesidad de distraerse con espejismos fantasmales.
La propuesta de reforma del suplicatorio pretende evitar que si es denegado la causa decaiga en sobreseimiento automático. Se trata de una idea sensata, que podría ir acompañada de una reducción del número de aforados, pero no tiene ninguna expectativa de salir adelante en este mandato. Y en el siguiente, si la derecha logra mayoría suficiente no habrá caso porque se supone que bastaría con otorgar el correspondiente permiso parlamentario. El principal error del anuncio de Feijóo consiste en presentar el asunto como una medida ‘ad hominem’ con un solo y concreto destinatario, lo que implica la conjetura de que Pedro será procesado de modo inmediato. Presunción en absoluto descartable a mayor o menor plazo, que sin embargo refleja cierta desconfianza en el propio liderazgo y en su capacidad de lograr que el relevo de poder lo ejecuten los ciudadanos en uso de su libre albedrío democrático. Como si le atormentara el recuerdo de su primer gatillazo.
El sanchismo caerá cuando los votantes quieran, y la tarea del PP es convencerlos sin esperar soluciones externas, esa vieja y peligrosa tentación de la derecha cuando se deja arrastrar por una mezcla de frustración y de impaciencia. Será la justicia, que ha demostrado sobrada independencia frente a las presiones gubernamentales, la que determinará si procede o no ajustar cuentas, con quién y de qué manera. Y lo que tenga que suceder a partir de ahí, que suceda. La hipótesis de una denegación de suplicatorio es muy verosímil en este desquiciado contexto de ausencia de reglas, y la alta judicatura es consciente de ella. Pero antes tienen que pasar cosas muy graves y muy serias, y el representante de la alternativa ha de explicar el fundamento de la sospecha que le lleva a poner esa idea sobre la mesa. Porque de otro modo puede ofrecer la sensación de impotencia de alguien que necesita recurrir a la intervención ajena para llegar a la meta.