José Manuel Azcona-ABC
- Los virreinatos de Nueva España y Perú fueron los territorios más ricos del mundo, acl igual que sus capitales, la ciudad de México y Lima entre los siglos XVI y XVIII, más ricos que la propia metrópoli
Qué triste destino este que nos lleva a escribir de lo obvio y para, una vez más, reivindicar la magna obra de España en América, una obra que es continuadora de aquella que impulsó la civilización romana y que llevó al ámbito territorial que amparó legislación moderna, urbanismo avanzado, un sistema de comunicaciones que favoreció el comercio del orbe conocido, con elevación absoluta de la calidad de vida, y un posterior influjo de los valores del cristianismo que nuclearon y unieron a personas y modos de entender la convivencia en todos los confines americanos.
España va a ser la nación continuadora de toda esta ristra de valores romanos en el ámbito de su expansión territorial en el Nuevo Mundo, como es público y notorio. La Monarquía Hispánica levantó allí 42 universidades y 1.172 hospitales, con una red de comunicaciones que conectaba todos los virreinatos, de excepcional calidad y que permitía el tránsito de personas y de miles de carros y recuas de mulas y caballos, transportadores de los productos necesarios para el bien común de los millones de habitantes que amparaba la Corona. Y decimos bien que amparaba, pues ya en fecha tan temprana como 1500 Isabel la Católica recriminó a Colón que dirigiese a Sevilla un barco lleno de amerindios procedentes de La Española para venderlos como esclavos. Fueron devueltos a su origen. Y en 1501 esta misma monarca permitió los matrimonios mixtos entre españoles y amerindios. En 1512-1513 llegaron las Leyes de Indias, con su manto protector de los nativos y la más alta equidad legislativa del momento en el mundo. Luego se promulgaron las llamadas Leyes Nuevas de 1542, tras la Controversia de Valladolid de 1540, que paralizó el proceso de conquista para su humanización, y más adelante contamos con la Recopilación de las Leyes de Indias de 1680. El nivel inexpugnable del sistema virreinal hizo que solo se perdiese el 1,2 por ciento de su territorio a manos de potencias extranjeras, o que solo el 0,8 por ciento de nuestros buques se perdiesen en manos de asaltos de los piratas y corsarios enemigos de España.
No hay ni un solo documento oficial que avale el genocidio, tan insistente desde el ámbito anglosajón; donde sí se produjo fue en las Trece Colonias de Norteamérica, como demuestra la genética y el numero de nativos censados en el país. Otro tanto diremos para Australia y Nueva Zelanda, y de Francia en el caso del territorio del actual Canadá. Los estudios de genética que manejamos indican que el ADN dominante en Hispanoamérica es el amerindio y el andino. No así en EE.UU.
Así que las recientes palabras de Felipe VI, que recuerdan las del ministro Albares, han sido decepcionantes para millones de personas en España, en Hispanoamérica y en el mundo entero. Afirmó: «Los Reyes Católicos, la Reina Isabel, con sus directrices, las Leyes de Indias, con todo el proceso legislativo, hay un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso… Hay cosas que, cuando los estudiamos con los valores de hoy en día, obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos». Estas afirmaciones no se corresponden con la realidad en cuanto a los abusos. La historia no se juzga, sino que se interpreta. Con los parámetros actuales ninguna forma de gobernación que no sea el modelo democrático liberal se sostiene, toda vez que repudiamos la esclavitud, que se termina de abolir en el mundo occidental entre 1827 y 1865. Y toda vez que la tutela que ejercían la monarquía hispánica y la Iglesia Católica sobre sus administrados sería hoy inadmisible.
Claro que la conquista española de América fue violenta, como todas; incluso las dos que más aman los españoles, la romana y la musulmana. Especialmente esta última, rodeada de una aureola de romanticismo que impacta a propios y extraños. La primera, la romana, se saldó con un balance de cinco millones de muertos en guerras de conquista y posterior sometimiento. La musulmana trajo un baño de sangre de 2,5 millones. La conquista militar española, entre 1492 y 1610, se saldó con 130.000 muertes, pues los españoles contaron con millones de aliados entre los pueblos hostiles a los mexicas e incas. Pero la más significativo es que los virreinatos de Nueva España (México) y Perú fueron los territorios más ricos del mundo, al igual que sus capitales, la ciudad de México y Lima, entre los siglos XVI y XVIII. Más ricos que la propia metrópoli. La imprenta llegó a estas dos urbes capitalinas y a otras antes que a muchas capitales de provincia españolas. Porque España, la primera potencia mundial que fue entre 1492 y 1821, solo recibió el 22 por ciento del numerario batido en moneda y del oro y la plata que extrajo en su territorio americano de sus 5.000 establecimientos mineros. El resto se quedó allí, para el desarrollo socioeconómico de las Indias Orientales (Filipinas, Carolinas, Marianas y Palaos) y Occidentales (America). Desarrollo social y urbano del que todavía quedan notables vestigios, a pesar de la piqueta destructora de los criollos americanos con ayudas de ingleses y norteamericanos en el siglo XIX y también en el XX.
Pero conviene señalar que el imperio mexica se origina en 1168 y termina en 1521; es decir, perduró 353 años. William Prescott afirmó que los mexicas ejecutaban en sacrificios rituales a 20.000 enemigos al año, con un abuso de poder y sangre descomunal, lo que se traduciría en un verdadero genocidio de 7.060.000 indígenas enemigos asesinados en este periodo. Otros autores elevan a 150.000 los asesinatos de abuso de poder por año. Es decir, 52.950.000 cadáveres. Los incas iniciaron su imperio con un pequeño señorío en Cuzco en 1200 y perduró hasta 1533. Calculamos que realizaron unas 7.000 ejecuciones rituales al año, que, en los 333 años que se mantuvo el imperio, generó un genocidio de 2.331.000 indios hostiles a su expansión. Un verdadero abuso en toda estructura y condición, con destrucción sistemática de vidas humanas sin descanso. Y con la ingesta antropofágica de todos esos cadáveres. Y en dos imperios: el mexica, que cuando llegaron los españoles tenía 11 o 12 millones de almas, y el inca, con 10 o 12 millones.
La Monarquía Hispánica terminó con toda esta locura y nosotros solo hemos encontrado documentación y testimonios de protección a las poblaciones originarias, aunque, claro está, poderosos abusadores ha habido en toda etapa histórica. Incluso en la actualidad, incluso entre quienes gobiernan en Occidente. No importa. Estamos una vez más ante el triunfo (aparente) de los falsificadores de la historia, de los que juzgan el pasado con perspectiva actual, de los que no interpretan el ayer. Y de aquellos que utilizan sus intereses políticos para sus fines de supervivencia o complacencia a estados-nación de dudosa pátina democrática, aunque para ello deban falsear hasta la esencia de su propio país.