Tonia Etxarri-El Correo

Cuando el presidente del PNV, Aitor Esteban, anunció, en la conmemoración del Aberri Eguna, la celebración de un gran acto del partido en mayo, estaba transmitiendo la necesidad de exhibir una fuerza que va mermando en las urnas, en un momento en el que Bildu proclama su aspiración a gobernar. La hegemonía política de Euskadi se la disputan las dos fuerzas nacionalistas: el PNV que, tras haber protagonizado una etapa de coincidencia con las medidas de la izquierda radical de Pedro Sánchez, ahora quiere reubicarse en el centro frente a quienes, viniendo de la izquierda independentista más cómplice de los desmanes de ETA en los años de plomo, ahora, con la piel de cordero, dan lecciones de democracia y convivencia sin rubor alguno.

Un país «confiable» o un espacio de confrontación, ruido y bloqueo. Ese es el dilema que plantea Esteban que, sin querer dejar ningún cabo suelto a la contingencia de los acontecimientos electorales, aprovechó la celebración del Aberri Eguna para proclamar que éste es el momento del PNV. ¿Cómo recuperar a los votantes perdidos? Esa es la cuestión. En tiempos de Andoni Ortúzar, las últimas citas electorales no le han sido propicias: ni en las generales de 2023 –perdió casi 103.000 papeletas–, ni en las vascas de 2024 –se impuso en votos pero empató en 27 escaños con Bildu y tuvo que salvarle la papeleta el PSE para poder gobernar–, ni en las europeas de ese mismo año –mantuvo el escaño pero, por primera vez, se quedó por debajo de los 200.000 votos mientras Bildu le hacía el ‘sorpasso’–.

Esa trayectoria es la que le quita el sueño a los actuales dirigentes del PNV. Ese vértigo que sufren ante la posibilidad de ser desbancados por el grupo de Otegi es la razón que explica su acelerón en el pulso que mantiene con La Moncloa para medirse, de paso, con el socio por excelencia de Sánchez.

¿Quién consigue más beneficios para Euskadi? En este plan. Al lehendakari Pradales no le queda ya espacio en la solapa para colgarse medallas. ¿Dónde ha estado Otegi cuando se negociaba la gestión de los aeropuertos?, se preguntaba, sacando pecho. Pues Otegi estaba en lo suyo. Apoyando incondicionalmente a Sánchez para que el frente carcelario de los presos de ETA siga beneficiándose de los premios políticos.

El caso es que el PNV, desde hace tiempo, ha dejado de ser imbatible y ahora tendrá que explicar a sus votantes su reubicación. Un electorado pendiente de mejoras en Osakidetza, en la seguridad, en el empleo y la vivienda, sin entender por qué somos líderes en absentismo laboral, que desconfía del enchufismo en la administración y espera una política clara, sin vaivenes, en inmigración. Porque el PNV ha pactado con los socialistas la Ley del Suelo, la de amnistía, el cambio en las mayorías de RTVE, el decreto sobre pensiones. Y, a la vez, en contra de la ampliación del impuesto a las energéticas. Sus presupuestos en el Parlamento vasco pactados con el PSE, muy criticados por el PP y los empresarios.

¿Y el AVE para cuándo? En espera desde 2006. El PNV, centrado en el traslado del ‘Guernica’ de Picasso. Qué sabrán los técnicos. En fin. Tendrá que emplear nuevos imanes para atraer al electorado perdido. La verdad es que le queda poco tiempo.