Andoni Pérez Ayala-El Correo
- Las urnas extremeñas nos pueden dar una clara pista el domingo de por dónde va esta nueva etapa
Las elecciones extremeñas de este domingo presentan características distintivas en relación con todas las anteriores en esa comunidad autónoma. En primer lugar, porque son las primeras que tienen carácter exclusivamente autonómico en Extremadura; hasta ahora, las doce elecciones de este carácter realizadas desde las primeras, en 1983, hasta la fecha, habían tenido lugar conjuntamente con las municipales y con otras autonomías que también hacían coincidir ambos tipos de comicios. Ello diluía en cierta medida el carácter autonómico de la cita con las urnas, lo que no ocurre esta vez.
Por otra parte, esta convocatoria tiene lugar en un momento en el que todo indica que nos hallamos en el inicio de un nuevo ciclo político, que tendrá continuación a lo largo del próximo año con las elecciones en Aragón (febrero), Castilla y León (marzo), Andalucía (mayo) y, probablemente, alguna más aún por determinar. Y todo ello, sin hacer mención al accidentado curso que previsiblemente va a seguir la legislatura actual a escala estatal a la vista de la complicada e inestable aritmética parlamentaria en las cámaras, lo que plantea serios problemas para poder garantizar su continuidad en el periodo que resta de la misma.
Es preciso situar la presente cita con las urnas en este marco, en el que no cabe disociar su carácter autonómico, más relevante en esta ocasión como consecuencia de la ya indicada delimitación del ámbito territorial en estas elecciones, de la dimensión que opera a escala estatal, que condiciona asimismo el proceso político autonómico. Con mayor razón en una coyuntura política como la actual, en la que la polarización (por emplear el término de moda) que viene presidiendo el desarrollo de la actual legislatura obliga a tener siempre presente las dinámicas que operan a escala estatal y que inciden de forma determinante en los procesos electorales autonómicos.
Además de los efectos directos que el 21-D va a tener para la propia sociedad extremeña y en relación con la forma de afrontar sus principales problemas, no hay que perder de vista las repercusiones que también va a tener en relación con la legislatura en curso y la apertura de un nuevo ciclo político en España. Entre ellas el inicio, que tendrá continuación en las siguientes citas electorales, de la reconfiguración del mapa político y parlamentario en el ámbito estatal, que dista mucho de estar cerrado de forma definitiva y que probablemente va a experimentar importantes modificaciones.
De la lectura de un resultado electoral autonómico se escalará a una proyección estatal
Tanto estas elecciones autonómicas extremeñas, que inauguran el nuevo ciclo político, como las que van a tener lugar en los próximos meses en las comunidades autónomas reseñadas nos van a proporcionar pistas valiosas para conocer el mapa político del próximo periodo, que a no dudar va a presentar notables cambios. Está por determinar, no obstante, la concreción y el alcance de los cambios que van a producirse en la correlación de fuerzas y, como consecuencia de ello, en la articulación de las mayorías parlamentarias y de los ejecutivos surgidos de ellas, que pueden depararnos sorpresas imprevistas.
Conviene recordar que lo decisivo en unas elecciones no es tanto conseguir mas votos que el rival como estar en condiciones de articular mayorías parlamentarias suficientes que permitan gobernar, que es el principal problema a afrontar. Y no es descartable que en el nuevo ciclo electoral este problema vuelva a reproducirse, aunque con protagonistas distintos; las próximas elecciones autonómicas en Extremadura y Aragón, convocadas por la falta de mayoría suficiente para aprobar los Presupuestos, nos van a proporcionar datos para saber si este problema se despeja o se mantiene; y, al mismo tiempo, van a permitir prever lo que puede ocurrir a nivel estatal en las próximas elecciones generales, cuando toque.
Independientemente de cuál sea el resultado de las elecciones extremeñas, lo cierto es que entramos en un nuevo ciclo político que nos sitúa en un escenario distinto. Resulta difícil en el momento presente, sobre todo teniendo en cuenta la falta de certidumbre que caracteriza la situación actual, aventurar cuál va a ser la nueva correlación de fuerzas y, en especial, en qué términos se van a articular las nuevas mayorías parlamentarias en las comunidades o en el Estado durante el próximo periodo. Son éstas las cuestiones que quedan abiertas .