Juan Carlos Viloria-El Correo

  • La última moda: abstenerse de beber alcohol durante el primer mes del año

En 2013 los ingleses se inventaron el ‘Dry January’ -textualmente, ‘Enero seco’-, una campaña de la organización benéfica Alcohol Change en la que la gente se comprometía a abstenerse de beber alcohol durante el mes de enero. Hace seis años, en Francia, copiaron la idea como ‘Défie de janvier’ (‘Desafío de enero’), a la que se sumaron, según algunos estudios, hasta cuatro millones y medio de bebedores habituales. Que yo sepa, en España, si prescindimos de las consabidas recomendaciones para consumir alcohol «con moderación», no existen campañas institucionales similares.

No creo que tenga nada que ver con que se pueda molestar el ‘lobby’ del vino u otras bebidas espirituosas, aunque vete a saber. Otra cosa es la costumbre típica en algunas cuadrillas, sobre todo en el norte, de hacer un alto en el tradicional poteo durante una o dos semanas. Cuando uno de los integrantes del grupo comenta a media voz ante la barra «A mi pídeme un mosto», el resto ya sabe que el colega está «de ramadán».

El asunto no es ninguna broma porque está acreditado que la pausa en el consumo del alcohol mejora inmediatamente el sueño, el nivel de energía y la concentración. Sin contar con que, según los facultativos, una vez en el organismo, el etanol que contienen las bebidas alcohólicas se convierte en acetaldehído, sustancia calificada como cancerígena. Luego están las teorías sobre cuánto, cómo, qué graduación, y los múltiples factores que pueden ser agravantes o atenuantes de la costumbre de beber alcohol. Porque como la mayoría no nos vamos a hacer abstemios, es utópico predicar el cero cero absoluto. Se trata de hacer una pausa, digamos: Enero, a palo seco, para desbanalizar el consumo. Ni moralina ni prohibicionismo, dicen los promotores del ‘Dry January’, sino más salud y un período de desintoxicación. Aunque todo eso estaría muy bien si el problema únicamente fuese el alcohol.

Prestigiosos dietistas ya le han puesto la calavera al azúcar: más adictivo y peligroso que el tabaco, dicen. Y si te da por alimentarte solo de fruta, un día te enteras de que el herbicida más sospechoso de provocar cáncer, el glifosato, no acaban de prohibirlo en la UE. Tampoco se libran las frutas tropicales, tan brillantes y coloridas en la tienda pero cuyo cultivo no está sujeto a normas fitosanitarias estrictas. Sin contar que ahora llegan las matanzas del cerdo y aparece el fantasma del colesterol detrás de las gollerías más apetecibles. Y, si no haces pilates, piscina, crossfit, aerobic, spinning, no eres nadie. Ya lo decía el chiste: ‘Doctor, ¿y viviré más?’. ‘No, pero se le va a hacer de largo…’.