- ¿Qué pinta el partido que debe dar carpetazo al sanchismo teniendo una relación «fluida y respetuosa» con la formación del golpista Puigdemont?
Hace unos días, Feijóo concretó que Bildu es el único partido al que excluye como interlocutor del PP. Y está muy bien, pues resulta repulsivo que una formación que fue creada por la banda terrorista ETA y que es su sucesora natural sea considerada como aceptable, que es lo que ha oficializado Sánchez.
Pero al escucharle enunciar su línea roja con Bildu me vino a la mente una pregunta:
Entonces, Alberto, ERC y Junts, partidos que en 2017 dieron un golpe sedicioso para romper España y siguen diciendo que volverían a hacerlo, y el PNV, que os echó del poder del ganchete con Sánchez y que aspira también a la independencia, ¿son formaciones aceptables con las que el PP está dispuesto a entenderse?
La respuesta a esa cuestión la ha ofrecido en su primera entrevista del año, concedida a Servimedia. Allí Feijóo, el político llamado a ser el próximo presidente, explica que el PP mantiene una relación «fluida y respetuosa» con Junts y abre la vía a entenderse con ellos para una moción de censura de cara a convocar elecciones.
El sanchismo trajo cinco enfermedades a la política española: 1.- La homologación de la mentira como práctica aceptable. 2.-. La promoción del guerracivilismo entre españoles. 3.- El deterioro de las instituciones, con algunos rasgos propios de regímenes autoritarios. 4.- Una ingeniería social desquiciada y que va contra la dignidad intrínseca a todo ser humano. 4.- La sumisión al separatismo, con el dislate supremo de hacer depender la gobernación de España de un fugitivo de la justicia, un golpista escondido en Waterloo. (Y no cito como quinto punto la corrupción porque no es una novedad, toda vez que el PP y el PSOE de González ya habían dado también tristes recitales al respecto).
Relevar a Sánchez no puede consistir en «quítate tú que me pongo yo y voy a gestionar un poco mejor». Los españoles contrarios a esta deprimente etapa esperan un cambio en serio, que debe tener como punto estelar el fortalecimiento de los hilvanes de la nación española, acabando con el pasteleo con los partidos separatistas y la cascada de concesiones.
Junts, ERC (y el PNV) son enemigos declarados de España, pues aspiran claramente a quebrarla para construir sus pequeños países. Junts es además el partido de la corrupción pujolista, el de las mordidas sistemáticas desde el Gobierno catalán, y su mirada hacia el resto de los españoles siempre ha sido altiva y despectiva, con un claro punto xenófobo.
Todos esos partidos separatistas -PNV incluido- viven de espaldas a los intereses generales de la nación, instalados en un cansino victimismo de escuela «chupategui». Además, trabajan de manera tenaz, implacable, para fomentar el extrañamiento hacia España, especialmente desde la lengua, la educación y la cultura. No reconocen nuestro modelo constitucional, desprecian al Rey y cuando gobiernan ignoran por sistema los actos de Estado a los que están convocados todos los presidentes autonómicos.
¿Se puede mantener una relación «fluida y respetuosa» con quienes piensan y actúan así? La inmensa mayoría de los votantes de centro-derecha y derecha piensa por supuesto que no, incluso aunque a veces pueda venir bien para algún regate en corto. Encamarse con Junts -y similares- es repetir la fábula de la rana y el escorpión.
El cambio tras el sanchismo debe comenzar por cortar todo diálogo con los partidos antiespañoles que aspiran a destruirla. En Génova podrían darle una pensada antes de volver a caer en el estéril espejismo de tontear con Junts y el PNV. Salvo que estén aquejados de alguna rara forma de masoquismo y les guste seguir perdiendo votos por su flanco diestro…