El Correo- ALBERTO AYALA

Urkullu insiste en conseguir un pacto estatutario transversal pero no avanza concesiones a Podemos, PSE y PP

El pleno anual de política general que, como cada mes de septiembre, tuvo lugar ayer en el Parlamento no pasará a la historia por las novedades de calado político que deparó. Eso sí, sirvió para constatar otra vez que el PNV afronta la reforma del Estatuto con dos registros verbales, el del lehendakari y el de Egibar, que por ahora no se traducen en diferencias públicas de contenido.

El PNV es perfectamente consciente de que tiene unos cuantos y serios problemas sobre la mesa. De esos con los que se arriesgan votos. Y los partidos, sobra decirlo, viven de las papeletas que recolectan en cada cita con las urnas.

Sabe que el juicio del ‘caso De Miguel’ enfila su recta final con veinte de los suyos sentados en el banquillo, negociando con la Fiscalía reconocerse culpables a cambio de que se les rebaje la petición de penas. Y sabe también que la oposición, mayoritaria en la Cámara de Vitoria, no le va a dejar pasar gratis el escándalo de las oposiciones de Osakidetza, por el que Urkullu pidió ayer «disculpas» a los damnificados. De la asunción de responsabilidades políticas, nada de nada.

Es consciente, además, de que la ruptura con el PP y el acuerdo con Pedro Sánchez en Madrid ha dejado otra vez al Gobierno Urkullu en situación de minoría parlamentaria en Euskadi. Ello supone que los Presupuestos para 2019 se encuentran en el aire.

Receta de Sabin Etxea y de Ajuria Enea para la sesión de ayer, ni sacar conejo alguno de la chistera ni pisar callos de forma innecesaria. Y a ello se entregó el lehendakari con profesionalidad y aseo.

La ausencia de novedades políticas de calado no impidió un poco de márketing. Y qué mejor que insistir sobre el autogobierno. Si en 2015, Urkullu reivindicaba la ‘nación foral’ y el año pasado el ‘estado confederal’, ayer le tocó a la ‘democracia plurinacional’. Entretenimiento. Aunque el nuevo estatus sí dio su juego.

El asunto del nuevo Estatuto ha quedado, como saben, en manos de cinco juristas hasta después de las elecciones de mayo. Suya es ahora la responsabilidad de redactar un borrador de anteproyecto a partir de las bases soberanistas pactadas por PNV y EH Bildu en el Parlamento. Sobre ese documento se retomarán luego las negociaciones entre los partidos.

Pues bien el pleno sirvió para volver a constatar las diferencias internas existentes en el seno del PNV. Y es que mientras el portavoz jeltzale, Joseba Egibar, volvía a defender el pacto con la izquierda abertzale, Urkullu, en su intervención vespertina, aseguraba como ‘lehendakari nacionalista’ que un proyecto estatutario avalado sólo por abertzales y rechazado por quienes no lo son supondría «un fracaso estrepitoso» para «una sociedad nacional integrada y cohesionado» como ve él a Euskadi.

¿Problemas internos a la vista en la formación peneuvista tras las elecciones, cuando el asunto vuelva a la mesa de negociación entre los partidos? Podría ser. Hace semanas que da esa impresión.

Ahora bien, de momento la diferencia radica en dónde pone el foco Urkullu y dónde lo hace Egibar. De renuncias concretas para captar a Elkarrekin Podemos y el PSE, nada de nada. Y, si no, ahí está el discurso que leyó ayer por la mañana el lehendakari.

Y es que el PNV no está por perder un voto ni autonomista ni independentista. Y destapar ahora la caja de los truenos no saldría gratis.