José María Ruiz Soroa-El Correo

  • Cuando una ideología llega al poder entra en la zona de sospecha para la juventud. Descoloca cuando es a la vez oficial y crítica

Copio de EL CORREO (7de marzo) el dato: las adolescentes están dando la espalda al feminismo; el 38% de las chicas entre 15 y 19 años rechazan el feminismo y un 27% adicional no sabe qué responder si se le pregunta si se considera feminista. Un 65%, por tanto, no son feministas. Leo con interés los análisis que suscita el dato a diversos sociólogos. No solo a ellos, porque han llamado la atención de muchos comentaristas como supuesta interrupción de una tendencia ascendente del feminismo.

En este conjunto de comentarios se detecta un sesgo común compartido. Se pregunta por sus razones a quienes no se declaran feministas y se formulan hipótesis acerca de las causas del crecimiento del ‘no feminismo’ en la sociedad, pero en ningún momento se indaga por las razones de las que sí son feministas. Dicho de otra forma, la hipótesis de trabajo no explicitada de estos estudios es la de que el feminismo es el estado normal o natural de las adolescentes, por lo que el ‘no feminismo’ es una anomalía a explicar. Es la ‘no feminista’ la que debe aportar las razones por las que no acepta una forma de conciencia que aparece apriorísticamente como natural, de manera que solo se investiga al sector ‘desviado’ de la pauta moral correcta, que no se cuestiona por principio. Llamativo.

Más aún, la posición de la mayoría de adolescentes ‘no feministas’ es examinada con la sospecha de constituir un caso de ‘falsa conciencia’ provocada por la extensión de las ideologías políticas tradicionalistas, por un lado, y la adaptación de esas adolescentes a las exigencias que perciben del lado masculino (las feministas socializan mal). En cualquier caso, la actitud de estas adolescentes no sería fruto de su reflexión autónoma sino un caso de comportamiento inducido por factores externos de los que serían víctimas inconscientes. Por el contrario, dado que no se investigan las razones de las feministas, no podemos valorar hasta qué punto influye en ellas el poderoso mensaje institucional sostenido en pro del feminismo. Lástima.

Sigamos. Obvio que un estudio sociológico no es el lugar para precisiones conceptuales, pero cuando se usa un término de referencia como el de ‘feminismo’, ¿está suficientemente claro para la encuestada qué es eso? O por lo menos lo que entienden las adolescentes por tal. Un artículo de fondo en el mismo periódico nos ofrece, casualidad, un ejemplo del pensamiento autodenominado feminista: «La única certeza que como mujer feminista puede tener hoy su autora es que la involución del sistema social y jurídico es constante y el acoso patriarcal se rearma día a día ante la inacción de los que tienen la responsabilidad de frenarlo. La situación de la mujer es cada vez peor». Un buen ejemplo de la ley de la importancia creciente de los restos que formuló Odo Marquard: cuanta menos injusticia existe, más insoportable resulta la que queda. Si el feminismo es esto, no parece muy descabellada la posición de unas adolescentes al negarse a aceptar que la situación femenina sea peor hoy que en la sociedad anterior, pongamos por caso la franquista. Porque es de sentido común.

Pero hay otra pregunta intrigante: si no son feministas estas adolescentes hodiernas, ¿qué son? Porque el estudio parece reposar en la asunción pacífica de que basta con que una persona se defina como no feminista para que quede claro lo que piensa o siente. Pero no ser partidario de una ideología no dice mucho sobre la propia ideología del sujeto. ¿O es que son ‘machistas’ todas las ‘no feministas’?

Me explico: ser ‘pacifista’ es una posibilidad ideológica muy respetable, pero ¿qué son los que no son pacifistas ni adoptan sus posiciones radicales? ¿Son todos belicistas? Sería una injusticia y un abuso afirmar tal cosa. Muchos pueden poner la paz entre sus valores más excelsos y, sin embargo, no ser pacifistas, fines y medios no coinciden necesariamente. Sucede que el universo pluralista de posiciones respecto a la paz y la guerra no se agota en la opción binaria de pacifista/belicista. Es infinitamente más complejo.

Si esto es así, ¿no sucederá que muchas adolescentes rechazan el feminismo como ideología oficial de la sociedad española sin por ello adoptar criterios machistas? Quizá valoran la igualdad de géneros tanto como puede hacerlo el feminismo oficial pero no están de acuerdo con métodos o actitudes concretas. Quizá les descoloca que la reivindicación feminista sea a la vez oficial y crítica. Institucional y revolucionaria.

La reacción adolescente ante un sistema institucional de feminismo ideológico normativamente obligado puede ser diferente que la de generaciones anteriores cuando el feminismo crecía como algo reivindicativo. Cuando una ideología llega al poder entra en la zona de sospecha para la juventud.