Miquel Giménez-Vozpópuli

No era por la independencia. El proceso fue por Jordi Pujol.

El 25 de este mes se cumplieron cinco años de aquella declaración que dejó sin respiración a los políticos. Jordi Pujol, al que muchos veneraban como si fuese Dios, confesaba la famosa deixa que su padre le había dejado en el extranjero y que nunca había declarado. Los suyos se lo tragaron, y miren que era difícil aceptar que ni la hermana de Pujol ni su cuñado supieran nada o que en los treinta y cuatro años transcurridos desde la deixa hasta aquel momento Pujol no hubiese tenido ocasión de regularizarla. Menos creíble era los 140 millones de pesetas de 1980 hubieran crecido hasta a los casi cien millones de euros por la buena gestión que habían hecho del dinero sus hijos.

La mascarada tenía que seguir, y hubo una mala comedia en el parlament en forma de comisión de investigación, con la actitud servil de las CUP hacia el patriarca. Pujol que amenazó con hablar si se le presionaba, y su mujer, la Ferrusola, dijo no tener un duro y que “Cataluña no se merecía aquello”. Y el pasado 23, también de este mes, se cumplía el décimo aniversario del registro de los Mossos en el Palau de la Música Catalana por la financiación ilícita de Convergencia.

¿Quieren saber cuál es la situación de los implicados? Todos en libertad. Millet, Montull y su hija, esperan que el Supremo resuelva sus recursos. Millet, el gran muñidor, solo ha pasado veinticinco días ingresado por el caso Palau, catorce por la pieza separada del Hotel del Palau y otros catorce por el caso Renta Catalana. Total, cincuenta y tres días. Por el caso Palau se le condenó a nueve años y ocho meses, por vía de ejemplo. Se habló entonces de cerca de veintitrés millones de euros expoliados. El ex tesorero convergente, Daniel Osácar, también investigado por el tres por ciento, aun estando condenado a cuatro años y medio de cárcel, ni siquiera la ha pisado. Convergencia se ha librado a base de recursos. Sus dirigentes dicen no tener nada que ver porque ahora son el PDECAT.

 Todo empezó cuando Pujol dijo qué coño era eso de la UDEF, sabiendo que la policía le pisaba los talones

 

Si les parece vergonzoso, sepan que el proceso contra la familia Pujol está prácticamente detenido. Están imputados, pero eso no les preocupa ni a Pujol, ni a su mujer, ni a sus siete hijos. Al patriarca se le ve cada vez más en actos públicos, en homenajes, se le loa en los medios del régimen, se alaba su obra de gobierno. Al único que le ha tocado pasar por el hotel rejas fue al primogénito, pero no por este asunto sino por otro de blanqueo de capitales. Nueve meses estuvo en Soto del Real. Igual que su hermano Oriol, que ingresó por el escándalo de las ITV y ahora está en libertad durante el día, a pesar de que fiscalía ha recurrido una y otra vez ante la justicia.

Todo empezó cuando Pujol dijo qué coño era eso de la UDEF, sabiendo que la policía le pisaba los talones. El colosal edificio de corrupción nacionalista era tan desproporcionado, tan evidente, tan vergonzoso, que a su lado palidecen la Gürtel o los ERES andaluces. Solo que a estos se les ocurrió resucitar la táctica que Pujol empleó cuando Banca Catalana: todo es una jugada contra Cataluña. Y el dinero empezó a fluir hacia las esteladas, las manifestaciones monstruo, los organismos de la nada que solo tenían como misión hacer ruido, mucho ruido. El proceso estaba servido como la más grande operación de intoxicación política que haya visto la Europa de post guerra. Contaba con una masa fiel de seguidores, dispuesta a aceptar lo que fuese con tal de sacar el pus que albergaban en contra de España. También contaban con la estupidez paralizante de una izquierda que jamás fue digna de llamarse como tal.

A día de hoy todo el mundo habla de pactos, de referéndums, de presos, de Puigdemont, de Torra, pero ¿ven ustedes a alguien que hable de Pujol, de su proceso, del tres por ciento, del caso Palau? Nadie. No, el problema nunca fue la independencia. El problema era y es el clan Pujol y todo lo que crearon a su alrededor, esa siniestra red de influencias, voluntades compradas y disidentes acallados. Nunca fue por la independencia, señores del PP o del PSOE. Era por Pujol. Estúpidos.

Y ahora, ya puede seguir pactando el PSC con los neoconvergentes en la Diputación o en los ayuntamientos.