José Ramón Bauzá -El Español

  • Si triunfa en las elecciones de abril, Macron podría hacerse con el trono de Europa que Merkel ha dejado vacante y, quizás, añadir su nombre al de los grandes estadistas que alumbraron la grandeza de Francia.
 
Para el presidente francés Emmanuel Macron esta pregunta tiene menos de reflexión teórica que de imperativo práctico. No en vano su futuro en el Elíseo, y el liderazgo de Francia en la Unión Europea tras la era Merkel, dependen de ello.

Si la meta es envidiable, el punto de partida actual no lo es tanto.

Hasta hace no mucho, la reelección de Macron en las presidenciales de abril estaba casi garantizada. Las encuestas le otorgaban un claro triunfo en la primera ronda y una segunda vuelta relativamente cómoda contra Marine Le Pen, gracias al frente republicano que aúna el voto opuesto al Frente Nacional.

La irrupción en la contienda de Éric Zemmour no hizo sino mejorar la suerte de Macron, ya que, si el controvertido periodista adelantaba a Le Pen (por la derecha) hasta llegar a la segunda vuelta, el apoyo a su relección sería considerablemente mayor.

Y en estas llegó la candidatura de Valérie Pécresse para vengar la derrota de los conservadores en 2017, unas elecciones en las que Macron aprovechó los escándalos de François Fillon para hacerse con el Elíseo. La veterana exministra de Los Republicanos ya es la favorita para pasar a una segunda vuelta contra Macron en la que muy bien podría desalojarlo del cargo.

El presidente francés no va a dejar escapar su reelección sin pelear, y su mejor baza reside en dos factores que, por extraño que parezca, son ajenos a la política gala: la salida de Angela Merkel del ejecutivo alemán y el arranque, este mes, de la presidencia francesa del Consejo Europeo, que aúna a los gobiernos de los 27.

«Scholz puede haber ascendido a la cancillería del país más poderoso de la UE, pero ni sus estatus en Bruselas ni la cohesión de su gobierno le otorga el ascendente que tuvo Merkel»

Gracias a su instinto nato para leer la política europea, Emmanuel Macron ha sabido ver la vía expedita que le deja el vacío de poder en un continente cuyas dinámicas entiende a la perfección.

Y es que la UE representa cosas distintas para cada uno de sus miembros. Los frugales del norte la ven como mercado del que no pueden prescindir; para el este y el sur del continente es la vuelta a Europa y la modernidad tras décadas de dictadura y atraso económico; para Alemania (y especialmente para Francia), Europa es un multiplicador de fuerzas cuyo rumbo pueden marcar gracias a su liderazgo económico y demográfico.

Aunque la estrecha cooperación francoalemana ha sido el motor histórico de la agenda política en Bruselas, la relación no ha estado exenta de fricciones. En sus dieciséis años como canciller, Angela Merkel sujetó con frecuencia las ambiciones francesas, para alivio de otros socios que, tras el Brexit, perdieron el freno británico a los impulsos federalistas de Francia.

Olaf Scholz puede haber ascendido a la cancillería del país más poderoso de la UE, pero ni sus estatus en Bruselas ni la cohesión de su gobierno (formado por tres partidos con importantes diferencias programáticas) le otorgan el mismo ascendente en Europa que tuvo Merkel.

Macron lo sabe, y ya ha conseguido arrancarle a Scholz que reconozca como verde la energía nuclear, lo que le ha valido al alemán su primera crisis de gobierno con los socios ecologistas. Y esta concesión no será la última.

«La tríada de Comisión, Parlamento y Comisión le da vía libre a Macron para impulsar sus proyectos estrella»

Si Macron ya no tiene un alemán que le haga sombra en el Consejo, su recién estrenada presidencia de este órgano le facilita aún más la posibilidad de marcar la agenda política y legislativa de toda la UE en el tramo final de su campaña.

La salida de Merkel y los conservadores del Gobierno alemán también le ha puesto en bandeja a Macron el control de la Comisión, cuya presidenta, Ursula von der Leyen, ha perdido el respaldo de su partido en Berlín, y deberá apoyarse cada vez más en el francés.

Finalmente, en el Parlamento Europeo, un estrecho colaborador de Macron, Stéphane Séjourné, logró ganarse el apoyo de los liberales europeos y hacerse por aclamación con la presidencia de Renew Europe, el grupo que inclina la balanza política en la Eurocámara.

La tríada de Comisión, Parlamento y Comisión le da vía libre a Macron para impulsar sus proyectos estrella, como el ejército europeo, la independencia digital de EE. UU. o la modificación de las reglas de competencia para potenciar la creación de gigantes europeos que compitan con estadounidenses y chinos. Todas estas iniciativas benefician en gran medida los intereses de Francia, y podrían convencer a los votantes del acierto de la apuesta de Macron por Europa.

Pero el presidente tiene la vista puesta en algo más que su reelección. A Macron se le ha abierto la oportunidad de cimentar su legado como estadista, construyendo una UE a imagen de los intereses de Francia y elevándose a un panteón en el que figuran grandes nombres de la historia como De GaulleChirac y Mitterrand.

«Ojalá un día nos parezcamos más a Francia y busquemos hacer de los intereses de España los de toda la UE»

En este relato de lucha por definir el futuro de Europa habrán notado una destacada ausencia: la de España. A diferencia de otros grandes Estados europeos, nuestro país no entra en los cálculos de Macron, y cuesta poco imaginar por qué.

Ante una propuesta que beneficiaría a España (la apuesta por el gas y la nuclear como parte del mix energético del futuro), la respuesta del Gobierno de Sánchez ha sido el rechazo, como si no presidiera un país de ciudadanos asfixiados por el precio de la luz.

Tampoco esperen que esta España que no defiende su soberanía dentro de sus fronteras pelee en Bruselas por garantizar que un futuro ejército europeo garantice la españolidad (y europeidad) de Ceuta y Melilla, o que el cambio en las reglas de competencia no perjudique a nuestras empresas. Ojalá un día nos parezcamos más a Francia en estos registros y busquemos hacer de los intereses de España los de toda la UE.

El tiempo apremia y, aunque el presidente galo dispone de algunas semanas para lograr su reelección, su victoria no está aún decidida. Si triunfa, Emmanuel Macron podría hacerse con el trono de Europa que Merkel ha dejado vacante y, quizás, añadir su nombre al de los grandes estadistas que alumbraron la grandeur de la France. Si fracasa, tendrá muchas posibilidades de seguir el rastro de Sarkozy y Hollande y acabar en las revistas del corazón. Del cielo de la historia al infierno del papel couché. Lo sabremos en tres meses.

*** José Ramón Bauzá es eurodiputado de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.