Ignacio Camacho-ABC

  • Para qué dedicar esfuerzo y tiempo a las cuentas del Estado cuando se puede fabricar en su lugar un buen relato

Los Presupuestos del Estado son ese prolijo documento lleno de números donde los Gobiernos, obligados por la Constitución, definen en cada ejercicio fiscal cómo van a gastar el dinero de los ciudadanos. Así ocurría al menos antes de que la nueva política inventara el ‘relato’, argumentación propagandística diseñada para ocultar que el poder se está usando sólo para impedir que lo tengan los adversarios. Cuando era jefe de la oposición, Sánchez le reclamó la dimisión a Rajoy por demorarse unos meses en presentarlos, y luego le puso una moción de censura a la semana de haberlos aprobado. Ahora que el presidente es él acumula tres años de retraso, y por lo visto piensa seguir igual hasta el final de un mandato en que los preceptos constitucionales se han convertido en papel mojado. Eso sí, la recaudación de impuestos continúa funcionando a todo trapo; el aparato tributario es la única maquinaria que nunca se detiene aunque el resto de las instituciones se encuentre al borde del colapso.

El concepto sanchista de esa responsabilidad es tan elástico que Pedro le ha ordenado a Salvador Illa que también aparque las cuentas de la comunidad catalana hasta mejor momento, es decir, hasta después de las elecciones andaluzas a las que concurre como candidata socialista María Jesús Montero, casualmente la ministra de Hacienda que iba a dejarse la piel (sic) en el empeño. El motivo del aplazamiento consiste en evitar que los andaluces se cabreen al ver que el separatismo recibe los privilegios –la llamada ‘financiación singular’– exigidos a cambio de apoyar el proyecto. Esquerra, que actúa como segunda marca de Sánchez en Cataluña, tragará sin mayor problema esta manifiesta intromisión en la agenda del teórico autogobierno, del mismo modo que en el ámbito nacional tolera idéntico incumplimiento. El tiempo en que un Ejecutivo en esta tesitura disolvía el Parlamento y convocaba elecciones está muy lejos. Los populares que así lo han hecho en Extremadura y Aragón son unos ingenuos. Allá ellos.

Total, hay que comprender que el presidente está muy atareado con la guerra. Oponerse a Trump, preparar el ‘escudo social’ contra la escalada de precios o culpar a Feijóo de los bombardeos y del cierre del estrecho de Ormuz es mucho más urgente que ese rollo tan farragoso de las partidas financieras. A un superhéroe de la paz no se le importuna con bagatelas economicistas en circunstancias históricas tan comprometidas como ésta, un verdadero reto de época. Los socios del bloque ‘de progreso’ no van a oscurecer el brillo de la emergente estrella europea y Montero tiene otra piel de repuesto para ir a pedir el voto en su tierra. En el libro Guinnes del sanchismo, ese abultado registro de primeras veces y situaciones inéditas, habrá que anotar la marca de una legislatura completa sin cuentas. A saber quién fue el pedestre burócrata que sentenció la imposibilidad legal de gobernar sin ellas; seguro que alguien indiferente a la misión sagrada de contener el avance de la ultraderecha.