Editorial-El Correo

  • Los europeos afrontan el golpe económico de la guerra de EE UU e Israel contra Irán y la creciente dificultad para tratar con Trump

Veinte días después de comenzar su agresión ilegal contra Irán, Estados Unidos e Israel están consagrados a vender éxitos tácticos que evidencian la falta de estrategia a la hora de desatar y mantener la guerra. El Gobierno de Benjamín Netanyahu se aplica al asesinato de un miembro tras otro de la cúpula de poder iraní, hasta el punto de que, si pretendieran algún tipo de acuerdo para terminar las hostilidades, los atacantes se encontrarían sin interlocutores en Teherán. Además, gracias al ataque de Tel Aviv ayer contra el mayor yacimiento de gas del mundo -una operación bendecida en apariencia por Washington-, el bloqueo del estrecho de Ormuz ha dejado de ser el gran problema de seguridad energética del planeta.

Al golpear South Pars, la explotación gasística que Irán comparte con Catar, EE UU e Israel comprometen en primer lugar el suministro eléctrico de los iraníes, que en un 80% funciona con gas. Los civiles a los que animan a rebelarse contra un régimen de terror sufrirán las peores consecuencias en su vida cotiana, ya sacudida por continuos bombardeos que han matado a más de mil personas. La respuesta del régimen teocrático, con amenaza de represalias contra instalaciones de hidrocarburos de los países del Golfo Pérsico, aborta cualquier intento de neutralidad regional o de entendimiento con Irán por parte de estos Estados. La repercusión en el precio del petróleo y sus derivados es inmediata. Y, aunque ya sacude los bolsillos de los consumidores occidentales, el margen para empeorar es infinito.

La presión de Netanyahu no exculpa a Donald Trump de haber embarcado a su país y al mundo en una guerra sin consultar con sus maltratados socios, sin preparación adecuada y sin una estrategia para evitar la actual escalada hacia ninguna parte. En el momento en que EE UU retira de Oriente Medio uno de sus portaaviones insignia y recibe indignado el rotundo ‘no’ de sus aliados a embarcarse en el desbloqueo de Ormuz, el republicano clama que no quiere la ayuda de nadie. Pero la Unión Europea, por su dependencia energética y de seguridad, tiene que encontrar la forma de hacerse necesaria para la gran potencia que, en gran parte, lo es gracias a sus alianzas. La cumbre de hoy en Bruselas debe dar pistas sobre la capacidad de los Veintisiete para ser útiles a Trump; en primer lugar en beneficio propio, para la supervivencia de Ucrania y para frenar el zarpazo irreversible que Israel quiere asestar a Líbano.