Jon Juaristi-ABC

  • Oca o ajedrez, a Puente (de puente a puente y sigo porque me lleva la corriente) se le va terminando el tablero

El ministro de Transportes asegura que lo está haciendo lo mejor que puede, y no hay razón para no creerle (aunque tampoco para creerle). En el caso de que su afirmación fuera cierta, habría una distancia infinita entre lo que él podría hacer y lo que sería necesario que se hiciera. Algo que, a la vista de su ejecutoria en el desempeño del cargo que ocupa, resulta más que evidente. Cabe, sin embargo, otra interpretación de sus palabras, y es que está haciendo lo mejor que puede para lograr que todo funcione lo peor posible, lo que también es verosímil. Convengamos en que todavía falta un trecho para llegar al colapso total del transporte español por tierra, mar y aire, pero mientras siga Óscar Puente gestionando las infraestructuras no deberíamos perder la esperanza.

El recurso de Puente a los imponderables meteorológicos para explicar las incidencias en los Rodalies, por ejemplo, no deja de ser un homenaje implícito al más ilustre de los escaqueos históricos que se hayan dado en nuestro suelo para autoexonerarse de chapuzas gordísimas (tan abundantes por estos pagos): aquel «no he mandado mis naves a luchar contra los elementos» de nuestro Rey Felipe II al conocerse la debacle de la Invencible y antes de endosarle la responsabilidad última al pobre Medinasidonia, que era, como si dijéramos, el maquinista de la triste Armada. Ahora bien, «nadie más cortesano y más pulido/ que Puente, de Adamuz en la famosa/ foto, de negro hasta los pies vestido». Le faltó un Manuel Machado para glosar lo que la cámara, desdichadamente, había ya inmortalizado: el luctuoso séquito real, en estricta y caliginosa etiqueta borgoñona, junto a los vagones descarrilados de Don Óscar, donde solo faltaba el típico galgo de los retratos habsbúrguicos (pongamos que el ‘Galgo de Paiporta’). Una imagen que merecía haber sido pintada por Pradilla en el espíritu de su ‘Juana la Loca’, porque en esas estamos.

Entenderá Puente de chaparrones, pero se ve que anda pez en soldaduras y senequismo, o sea, en el Séneca de Adif, no en el de las epístolas a Lucilio. Por cierto, no estaría de más que las leyera antes de que su ‘Puto amo’ le pida que se inmole por la causa (acaso dentro de la proverbial bañera, como conviene a un pez mantequilla).

A lo largo de la semana que termina, el infeliz se ha empeñado en dar explicaciones técnicas que nadie le pedía y se ha perdido una y otra vez en jardines floridos, para terminar sugiriendo posibles ciberataques y horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas. «Yo no soy ingeniero», concluía Don Óscar. Pues eso: «Manolete, Manolete, si no sabes torear, ¿pa qué te metes?». En fin, si lo cesan, yo que él echaría una instancia para los tupamaros de Delcy o para el ICE de Trump. En Caracas o Mineápolis se lo pasaría pipa haciendo lo mejor que pudiera lo que de verdad le gusta.