Miquel Escudero-El Correo
Una amiga me dice que ahora me encuentra ‘más negativo’ en mis artículos. No me gustaría que fuese así, pues sé bien que es fundamental no rendirse jamás; quizá quiso decir que estoy más pesimista, que es otra cosa. Sea como sea, nunca hay que engañarse. Es innegable la regresión de las libertades y la igualdad que se está dando en el mundo occidental, su gran bastión. Este retroceso coincide con la falta de respeto de los dirigentes más poderosos de la Tierra hacia la dignidad de las vidas humanas.
No hablemos de terroristas de cualquier pelaje, sino de gobernantes elegidos democráticamente, como son Putin, Netanyahu o Trump. Paladín de la grosería y la ordinariez, este último nos está aturdiendo con una multiplicidad de amenazas y acciones. No solo esto, muchos quizá ignoren que propuso públicamente inyectarse lejía para acabar con el virus del covid: lo «mata en un minuto».
No pocos se han regocijado del secuestro de Maduro, creyendo que aseguraría la democracia en Venezuela y pondría fin a la brutal dictadura ‘bolivariana’. Ojalá, pero lo que los ‘liberadores’ quieren es el petróleo. Mantienen en el poder a sangrientos torturadores: «los violentos no somos nosotros, los violentos están en la oposición», afirmaron cínicamente. Hace más de cinco años dije que «muchos de los que despotrican de Trump tampoco son fiables y compiten con él en una deleznable pulsión populista. Si no queremos temblar más, debemos ponernos a la labor». Sigo pensando igual, pero Europa ha perdido tiempo y autoridad.
Simone Weil habló de la amenaza de ser «esclavos de las sombras» que impiden ver la luz de la verdad. Esto es lo primero a superar.