Carlos Martínez Gorriaran-Vozpópuli
- ¿A quién va a importarle fuera nuestra patética ineptocracia?
Los lamentos porque la España de Sánchez no pinta nada en materia internacional deberían abrir paso al reconocimiento de que no es exactamente así: el sanchismo ha hecho una notable aportación al desorden mundial, y al fin de las reglas y el derecho internacional que invocan con hipócrita beatería para beneficiar a las dictaduras y terroristas amigos. Bien pensado, es igual que la política interna. Si aquí ha ocupado el poder, que no gobernado, apoyado en extrema izquierda y separatistas (terroristas y golpistas inclusive), en el mundo ha apoyado a Maduro y Grupo de Puebla, a Hamás y el terrorismo palestino y, ahora, al régimen agónico de los ayatolás de Irán. Además, ha propiciado los negocios de China en Europa, ha sido tibio con Ucrania y dócil con Rusia, y ha traicionado al Sáhara Occidental entregándolo a Marruecos en lo que parece rendición a un chantaje privado. Donde haya corrupción masiva y dictadura, allí encontraremos a Sánchez.
Campeón mundial del antitrumpismo
Y el motivo de esta demencia internacional es el mismo que rige la política interna: recabar apoyos para mantener su precaria mayoría parlamentaria, que son apoyos enemigos de la democracia y de Occidente. Hay, claro está, ingredientes ideológicos como el antisemitismo, el antiamericanismo y demás fobias antiliberales, pero no son necesarios para comprender esta calamidad: Sánchez y compañía han sacado a España del club de las democracias. Y atención, no es que no lo comprenda, es que le da igual. Como en todo lo demás, son decisiones autocráticas, ignorando a las Cortes y la Constitución. E improvisadas con la característica mezcla de oportunismo, cinismo e ineptitud marca de su mandato.
Parece ser que intenta convertirse en algo así como el campeón mundial del antitrumpismo, una parodia de capitán Achab a la caza del cachalote Trump, y todos sabemos cómo acabó esa historia de demencia furiosa. La razón, obvia, es ganar los votos de la paleoizquierda, pero también satisfacer su vanidad narcisista: se sueña líder mundial del antiamericanismo, el sucesor de Fidel Castro, el ayatolá Jomeini o Nicolás Maduro. Que ese ensueño sea una colosal estupidez tremendamente dañina para España, y de rebote para toda Europa, no cuenta en la ecuación.
El mundo ha tardado, pero lo ha entendido. Trump y su círculo fueron los primeros que nos despacharon a la infamante condición de BRIC del montón, el club asociado al eje autocrático Rusia-Irán-China, ese que está saltando por los aires. En la Unión Europea hace mucho que Sánchez es orillado en las reuniones informales donde se aborda la estrategia de la Unión. Nadie quiere tener a Sánchez presente cuando se abordan temas adultos. España ha sido desplazada por Polonia y Suecia, y no solo en PIB per cápita, sino en la calidad de país indispensable. Y así, la cuarta economía del euro y uno de los Estados más antiguos de Europa tiene hoy menos importancia en las cumbres que importan que Eslovenia o Chipre.
Sánchez recurre al subterfugio de visitas internacionales exóticas para intentar compensar el rechazo occidental a su presencia. Y el aparato de propaganda invita a celebritys como Susan Saradon, la Charo revelación de la temporada. Pero pese al deplorable provincianismo de la conversación pública española, no puede ocultar la caída en el descrédito más absoluto.
Colosal y gravísima estupidez
El doble juego del gobierno español con las bases militares conjuntas una vez iniciado el ataque a Irán, ha merecido el agradecimiento de los ayatolás, pero desencadenado una reacción de opinión occidental verdaderamente furiosa. En Estados Unidos se ha llegado a proponer -otra vez- expulsar a España de la OTAN tras saberse -con toda la confusión y ambigüedad posible- que el gobierno había denegado el uso de las bases españolas a los aviones americanos de repostaje para atacar Irán (dicho sea de paso, el ataque más anunciado de la historia). Las advertencias de Merz y otros líderes europeos, más moderadas en el tono, expresan la misma decepción: España, con Sánchez, ha dejado de ser un aliado fiable. Eso tendrá consecuencias.
Coinciden tres abusos dictatoriales: primero, la política internacional convertida en decisión personal de Sánchez, como en cualquier autocracia o república bananera; segundo, deja a España lejos de sus aliados y comprometida con los peores regímenes del mundo; tercero, lo hace justo cuando esos regímenes van cayendo uno tras otro: Venezuela -Cuba en capilla-, Hamás en Gaza y ahora los ayatolás de Irán.
Sánchez, mezcla de ambición delirante e ineptitud catastrófica, abandera la oposición a Estados Unidos y Occidente en general justo cuando estos, venciendo el aislacionismo de Trump por la fuerza de los hechos (intereses y amenazas), revalidan la hegemonía mundial por mucho que China la desafíe (de momento, con decepcionantes aliados interpuestos). Así que no es solo una traición, otra más, a la Constitución, a los tratados firmados por España y a nuestros intereses soberanos y de miembro de la Unión Europea. Es que, además, es una colosal y gravísima estupidez. Preguntemos a Rabat qué piensan de todo esto.
El pelotón de los torpes
Todo este desastre es, lo sabemos, consecuencia de nuestra incapacidad e impotencia para librarnos de Sánchez y sus parásitos asociados. Pero esta mala excusa doméstica nada va a justificar en un mundo metido de lleno en una convulsa y violenta reorganización del orden internacional o, si lo prefieren, del desorden mundial. ¿A quién va a importarle fuera nuestra patética ineptocracia? España ha elegido el pelotón de los torpes, tramposos e indignos de confianza, y ahí pasaremos una larga temporada en el mejor de los casos.
Mientras aquí esperamos saber si el resultado de las elecciones regionales debilita al sátrapa, si el estrés acaba con él o si una nueva investigación de la UCO lo acerca al Supremo, el resto del mundo se arma para la guerra. Solo la de Ucrania, la agresión rusa apoyada por Irán, cuatro años ya, ha costado millón y medio de bajas, o más. Y en Irán, decenas de miles de personas han muerto y otras tantas están encarceladas por pedir libertad; habrá que añadir las bajas del ataque actual, y las terribles de Gaza en la guerra contra Israel provocada por Hamás de acuerdo con Irán. Por fortuna, Rusia e Irán van perdiendo. Cuba está en la miseria y la cuarta parte de Venezuela, en el exilio o la emigración. Y nosotros, esperando a Godot. Qué vergüenza todo, y qué cara será la factura y qué larga de pagar.