- Qué ocurre en una sociedad en la que todas las manifestaciones están toleradas salvo la del orgullo de pertenecer a la comunidad colectiva por la que nos conocen todos los países del mundo, la española
La indignación fue el sentimiento mayoritario provocado entre la inmensa mayoría de la ciudadanía española por las expresiones de odio hacia España, su selección de fútbol y hacia todo lo español, en general, coreadas por los asistentes a una concentración en Bilbao de apoyo a una, para ellos necesaria, selección vasca de fútbol, el pasado domingo. Ello sucedía, además, en las horas previas a la celebración de la final del campeonato mundial de fútbol, en New Jersey, entre España y Argentina. Como es sabido, la competición finalizó con el triunfo de la selección española, que conquistó, de esta manera, su segundo campeonato mundial.
Si para el común de los ciudadanos españoles el sentimiento fue el de indignación y el de rabia, por considerarse insultados por unas minorías de exaltados que actuaban al amparo que les proporcionaba la posibilidad de manifestarse libremente, en defensa de lo que considerasen oportuno, en el ámbito del Estado de Derecho que nos acoge a todos, para los españoles del País Vasco, al sentimiento de indignación y de rabia se unía el de consternación, tristeza y vergüenza. La concentración en cuestión proyectaba, una vez más, hacia el resto de España, una imagen de barbarie y de sinrazón que repercute negativamente en el espíritu de unidad y de concordia con el que los españoles del País Vasco desean convivir y de hecho conviven con el resto de sus compatriotas sin renunciar por ello a sus señas de identidad regionales de la región de España de la que son, a la que pertenecen y a la que aman, como es la Comunidad Autónoma del País Vasco.
Es por ello por lo que incluyo en el encabezamiento de estas líneas la preposición «del» entre las palabras «españoles» y la denominación «País Vasco» al objeto de resaltar el sentimiento de pertenencia orgullosa de estos españoles a su Comunidad sin minimizar en absoluto, por ello, su orgullo de pertenencia a la comunidad nacional española. Para ellos, ambas realidades son inseparables.
Para los promotores y participantes en la concentración, sin embargo, la combinación de ambas identidades, la vasca y la española, no sólo no es posible, sino que la consideran antagónica, convirtiendo el amor hacia su región en fuente de odio hacia la nación común española, a la que, igualmente, por historia y por naturaleza, pertenecen. Ello no sería transcendente si el enunciado de su odio no se materializase en actuaciones violentas contra los españoles del País Vasco que no aspiran a otra cosa más que a vivir en paz, concordia y armonía con el resto de sus compatriotas.
Algunos de los participantes en la concentración en favor de una hipotética selección vasca de fútbol, dirigieron sus pasos hacia el lugar en el que un buen número de bilbainos (con diptongo, como diría Jon Uriarte) se disponían a ver la final, pacíficamente, frente a una gran pantalla dispuesta al efecto en la pérgola del Parque de Doña Casilda en el centro de Bilbao. La intención de estos manifestantes no era otra que la de dañar la pantalla y provocar, con ello, que la multitud no pudiera presenciar el partido y celebrar, en su caso, como después se produjo, el éxito de su selección, la española. Esther Martínez, candidata del Partido Popular a la alcaldía de Bilbao en las próximas elecciones municipales, presente en el acto, se enfrentó a los asaltantes haciéndoles desistir de su propósito, por lo que, desde estas líneas, la felicito con admiración y respeto.
La cuestión es por qué se hace necesario a los ciudadanos españoles del País Vasco tener que asumir este tipo de situaciones y este tipo de riesgos por el mero hecho de pretender vivir pacíficamente lo que en otras partes de España se vive con absoluta normalidad. Cuál es la razón por la cual, en el siglo XXI, en 2026, en una región de España (lamentablemente no es la única; en la vecina Navarra se viven situaciones semejantes) ciudadanos anónimos no puedan exteriorizar sus sentimientos y tengan que vivirlos casi clandestinamente por temor a ser víctimas de exaltados.
Qué ocurre en una sociedad en la que todas las manifestaciones están toleradas salvo la del orgullo de pertenecer a la comunidad colectiva por la que nos conocen todos los países del mundo, la española, así como la de pretender que se respeten, de manera fehaciente, los símbolos que representan a esa comunidad, como son su himno y su bandera. Por qué en la inmensa mayoría de los municipios del País Vasco, bajo mandato político de partidos nacionalistas, que ahora se autodenominan soberanistas, se incumple genéricamente la ley y la bandera nacional española se encuentra vergonzantemente camuflada bajo alerones de tejados o expuesta en dimensiones intencionadamente ridículas.
Por qué la sociedad vasca vive en ese clima de silencio auto impuesto y sometida al acoso intelectual y moral del nacionalismo soberanista, que impone su particular visión de la realidad política como la única compatible con la condición, para ellos indiscutiblemente única, de ser vasco. Los vascos, históricamente, como el resto de los pueblos de España, hemos dado lo mejor de nosotros mismos para que este proyecto colectivo, que conocemos como España, haya escrito páginas de gloria en la historia de la humanidad.
Yo quiero, desde estas líneas, mandar un mensaje de felicitación a los miles de «bilbainos» que se concentraron frente a esa pantalla, vivieron con emoción la final de la Copa del Mundo de fútbol, se alegraron con nuestra selección y celebraron con emoción la victoria de la misma a pesar de la incomprensión de las autoridades municipales de Bilbao, que no quisieron prestar ese apoyo para que pudieran hacerlo. Junto a todos ellos, quiero, igualmente, felicitar y animar al resto de ciudadanos vascos que viven de manera resignada pero esperanzada la presión y el acoso del nacionalismo imperante, sabiendo que algún día podrán celebrar, sin esconderse, su condición de españoles, con naturalidad y con orgullo. En resumen, envío un mensaje de solidaridad, afecto y respeto a todos los españoles del País Vasco.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de división del ET en situación de retiro y senador por Melilla