Juan Carlos Girauta-El Debate
  • El nuevo golpismo europeísta, básicamente alemán, va a esforzarse mucho para que usted mismo vea San Borondón, el PSOE bueno

El PSOE, bueno, es como el Yeti; siempre es otro el que lo ha visto. Obviamos a esa cuarta parte de España que seguirá votando a Sánchez según las encuestas. Para ese segmento, socialismo significa bondad y derecha significa fascismo. Lo llamaremos el cuarto menguante. El calificativo nos asoma a la fatiga del sanchismo y también a una diversidad etiológica en la que no me gusta ahondar. No sé, me da grima. Tiene que ver con crudas dependencias familiares en lugares donde el socialismo es un régimen en el sentido más repantigado de la palabra. Atañe a una tradición: el espíritu que rodeó la marcha de don Niceto Alcalá Zamora a Madrid, contenida en el mejor grito de la despedida: «¡Colócanos a todos!» ¿Estoy diciendo que el cuarto menguante vota por el sustento? Por supuesto. Primum vivere, bro. Lo que luego se filosofa es mera escenografía mental, autojustificación, operaciones que hace el cerebro para que tus intereses desnudos encajen como anillo al dedo con el paupérrimo discurso de este neojusticialismo.

Y si ese partido cambia de discurso, incluso si invierte el discurso, no pasa nada. El cerebro ha desarrollado innúmeras estrategias de supervivencia, entre las cuales no son menores las que se dirigen a sobrevivir con uno mismo, a no despreciarse profundamente cada mañana al mirarse al espejo. Esta gimnasia neuronal, diminuta y poderosa, una química y una electricidad que juegan en el tarro y que se enseñorean de tus principios cuando hace falta, es la que permite al cuarto menguante vivir en la montaña rusa del sanchismo; seguir, aplaudir o avalar huelgas generales contra la oposición; culpar a Israel de las criminales negligencias que perpetra el carnicero de Transportes. Culpar a Israel de todo es cosa de un segundo cerebrito, porcino, antinatural, que ha brotado por estímulos inveterados atravesando la cultura y los siglos. Luego, hay que ver la racionalización de la tragedia que elaboran tantos jóvenes como envejecen en su habitación infantil o comparten nevera e intimidad con desconocidos. No descartes que, aun enlatados, pertenezcan al cuarto menguante y se pongan a culpar de sus males al fascismo que se acerca.

Hasta aquí he llegado venciendo la grima de un abordaje sociológico del cuarto menguante. Me planto en este punto y comprendo que falta algo. Constará aquí: la autojustificación de lo intolerable afecta a otros cómodos que también quieren un régimen, el suyo, porque nunca han creído en la libertad. Para convivir con su mancha, deben olvidar muchas cosas que han sucedido y deben recordar otras muchas que no han sucedido. Sin problema: el cerebro también se encarga. El cerebro es tan asombroso que parece una idea de Elon Musk. Pues bien, muy lejos del cuarto menguante socialista, en el tercio congelado, no pocos llevan todo el sucio y sangriento sanchismo creyendo ver un PSOE bueno, como el que ve San Borondón mirando al horizonte, porque quiere verlo. El nuevo golpismo europeísta, básicamente alemán, va a esforzarse mucho para que usted mismo vea San Borondón, el PSOE bueno.