Editorial-El Correo
En plena guerra de su país contra Irán, el vicepresidente de Estados Unidos viajó a Budapest para reiterar el pleno apoyo de Donald Trump a Viktor Orbán. No por conocida deja de estremecer la animadversión de esta Administración estadounidense hacia la Unión Europea. J. D. Vance cargó en su mitin en la capital húngara contra «los burócratas de Bruselas» y «su desgraciada interferencia» en el proceso que culminará en las legislativas del domingo. Guardó silencio sobre el estancamiento económico de Hungría, el desmantelamiento de instituciones democráticas, la persecución de la inmigración y la subyugación de medios de comunicación impulsados por el primer ministro que arriesga despedirse del poder después de dieciséis años. Para injerencia, la de Vance al abrazar a un dirigente útil en el propósito de Washington de espolear a la ultraderecha del continente. Y debilitar así a la UE desde dentro de la mano, también en este empeño, de la Rusia que recibe información puntual de las reuniones comunitarias. Vance secunda a Orbán contra Ucrania porque ambos quieren abandonar en manos de Moscú a la nación que soporta más de cuatro años de destrucción.