Agustín Pery-ABC

  • Los de la capucha han ganado porque Iker cree –otra vez Goebbels– que en Navarra, en el País Vasco, hubo una guerra

Este Gobierno tiene la costumbre de amasar un relato, moldearlo, darle brillo y vocearlo para hacer cierta la máxima goebbeliana de repetir una mentira mil veces hasta darle apariencia de verdad. Así, su odio es progresismo; su memoria selectiva, la única democrática; reparación cuando es señalamiento; activismo, su sectarismo; fascista, la mera discrepancia. Quien les escribe no tiene ninguna objetividad. Ni ganas. No hay paño para la calentura moral que siento, el inmenso desprecio que me provocan los villanos con escaño que sacan rédito de una falacia que repiten como infecta salmodia: ETA ha sido derrotada, dicen. No, ETA ha sido asimilada, digo.

El matiz, tan cierto como doloroso, se padece a cada visita al norte. Allí uno se sienta a manteles con amigos de la familia, charla, ríe; ellos beben y, entonces, uno –cualquiera– te mira a los ojos y suelta algo hiriente, repugnante, obsceno y que, te revuelve el estómago y confirma que sí, que la banda terrorista ya ha ganado. Ha vencido porque Iker considera que el impuesto revolucionario fue, cito textualmente, «la única respuesta posible frente al terrorismo fiscal de Estado». Cuando crees que es mejor sonreír y pedirle que repita contigo dos palabras –«cupo vasco»–, el treintañero te espeta que sí, que hubo muertes, claro, pero que todas se podían haber evitado «si no hubieran venido uniformados a nuestra tierra» porque, qué jodida equidistancia, «aquí se sufrió por ambas partes». Los de la capucha han ganado porque Iker cree –otra vez Goebbels– que en Navarra, en el País Vasco, hubo una guerra. Y no, Iker: aquí lo que pasó es que unos decidieron matar y otros no eligieron morir. Unos empuñaron la pistola y a otros les dispararon en la nuca. Esa es la realidad, y no una que lleva a una tiparraca con acta de diputada a clamar contra el fascismo, ella, autora de la vomitiva portada del panfleto etarra en el que lamentaba la liberación de Ortega Lara. Aquí, en la tierra de mi mujer, los de la guadaña salen de prisión entre loas de su jauría, recibirán homenajes, les inventarán un curro en un claro fraude de ley y nadie les reclamará ni arrepentimiento ni colaboración en el esclarecimiento de los centenares de asesinatos de la banda que hoy no mata con la pistola, pero hiere con su palabra, su prepotencia, su sarcasmo, su chulería de vencedor, sus korrikas mientras siguen amedrentando a todo el que no les rinde pleitesía.

Yo no soy quien para decir a nadie cómo quiere vivir su duelo por el familiar asesinado. Nadie tiene vela en ese infierno de ausencias, pero sí en la memoria colectiva de lo que realmente ocurrió. Prostituirla es lo que ha hecho el PSOE, cómplice de un relato falsario por mero interés. Si alguien ha sacado rédito de asimilar a los verdugos es este Gobierno; allá todos los cadalsos morales para él. No, la democracia nunca fue esto. Los fascistas son ellos y en la Moncloa tienen a sus palmeros; nosotros a los muertos en el camposanto.