Ignacio Camacho-ABC

  • El plan de Trump no parece de rescate democrático sino de un protectorado de negocios con los cómplices del tirano

Hay en España una sedicente derecha liberal (?) para la que el fin justifica los medios –como para Sánchez– siempre que el resultado sea favorable a sus intereses, prejuicios o criterios. Pero quizá esos liberales de boquilla, tan poco exigentes con el derecho internacional cuando están sus fetiches ideológicos por medio, deberían contener un poco la euforia ante el arresto de Maduro, al menos hasta ver lo que viene después del derrocamiento. Porque aunque cualquier demócrata debe sentirse contento por la caída del mamarracho caraqueño aún no está nada claro que su régimen no vaya a prolongarse un cierto tiempo con Delcy, su hermano y otros jerarcas que pueden haber vendido a su jefe al frente de un Gobierno ‘de transición’ desde el que poner a salvo sus privilegios.

Y quien dice la derecha sociológica dice también la política. De Vox no hay gran cosa que esperar más allá de la brocha gorda y la sumisión al tótem trumpista por el que profesa una suerte de culto de latría, pero al Partido Popular cabe exigirle una mínima fineza en el análisis para distinguir entre categorías esenciales y circunstancias sobrevenidas. Y sobre todo una posición acorde con el modelo multilateral amenazado por el desprecio de la Casa Blanca a las reglas jurídicas y la imposición por las bravas de una doctrina de fuerza y negocio como bases de la hegemonía. Ése no es el concepto de orden mundial que pueda suscribir una formación comprometida con el proyecto europeísta.

El veto de Trump a Corina Machado fue de una brutalidad tan procaz como el resto del discurso, trufado de referencias –¡26!– al control del petróleo venezolano. Desde luego nadie podrá reprocharle falta de claridad al anunciar su intención de establecer un protectorado con la ayuda de los principales adláteres del tirano. Quienes se alborozaban pensando en unas elecciones inmediatas y hasta en un Zapatero acorralado pueden ir enfriando su entusiasmo. Esta historia no parece ir de la luz en lo alto de la colina ni de rescate democrático sino de zonas de reparto planetario, de neocolonialismo estratégico, de una reedición de la teoría monroviana con un retoque geográfico: América para los norteamericanos.

Y ahí es donde la alternativa de poder en España tiene que marcar diferencias con las franquicias trumpianas que usan el antisanchismo para asentar sus propias aspiraciones autoritarias. Por Maduro, cero compasión, ni una lágrima; que las derrame esa izquierda siempre colaboracionista con el sátrapa. Toda la distancia, en cambio, con cualquier proceso que descarte o aplace la devolución de las libertades secuestradas. Por coherencia con los principios y más que nada para evitar el ridículo de quedarse con la cara descolocada de quien descubre demasiado tarde que la buena nueva venía con cláusulas de digestión amarga. Y de paso por ir haciendo el cuerpo a lo que se viene en Ucrania.