Editorial-El Correo

  • Merz lidera en Múnich el camino hacia la autonomía estratégica en la OTAN y la determinación de obligar a Putin a terminar la guerra

La intervención del vicepresidente de Estados Unidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich hace un año advirtió de lo que los socios en la Alianza Atlántica podían esperar del segundo mandato de Donald Trump. Doce meses después, el abucheo en los Juegos Olímpicos de Milán permitió a J. D. Vance percibir la enorme brecha abierta con Europa por la extorsión arancelaria, las pretensiones de apoderarse de Groenlandia y la privación de ayuda financiera y militar a Ucrania. Ahora, la representación estadounidense en la cumbre de la capital bávara suaviza el tono con Marco Rubio pero el mensaje es el mismo: Washington ‘transfiere’ a Europa la responsabilidad de su propia defensa. Como si hubiera otra opción frente a una Administración Trump que considera a Rusia «manejable» cuando lleva cuatro años sembrando la muerte en el corazón del continente.

Como anticipo a la intervención hoy de Rubio, el jefe político del Pentágono, Elbridge Colby, presentó el abandono de su país como europeización de la OTAN y elogió a socios como Polonia o Alemania que fortalecen sus ejércitos. Una suerte de regreso a la Guerra Fría, con grandes contingentes dispuestos al combate en las fronteras. «Estados modelo» los llamó, en una nueva constatación del empeño estadounidense por dividir a la Unión Europea para hacerla más manejable. El posterior discurso del canciller alemán demostró que Europa deja de fingir que la tormenta es pasajera. El orden internacional basado en reglas «ha dejado de existir», proclamó Friedrich Merz. Y el caos resultante también tiene consecuencias para su promotor, cuya «reivindicación de liderazgo está contra las cuerdas y quizá ya la haya perdido». La autonomía estratégica pasa por construir una base industrial de defensa, asegurar las cadenas de suministro y energía y crear una arquitectura de seguridad; si es de acuerdo con Washington, mejor para todos.

Ahora que se anuncia para el martes y miércoles una nueva ronda de negociaciones entre EE UU, Ucrania y Rusia, esta vez en Ginebra, Merz trasladó a Trump que solo «el agotamiento económico y militar» forzará a Vladímir Putin a terminar la guerra. Los europeos, que con Berlín a la cabeza sostienen financiera y militarmente a Kiev, disputan con razón el protagonismo estadounidense en el diálogo. Censuran en particular la urgencia de la Casa Blanca para que Volodímir Zelenski ceda a las pretensiones territoriales de Moscú mientras su población se congela.