Editorial-El Correo

  • El peligro de dejar en manos de la discrecionalidad de cada Administración el nivel de exigencia lingüística es que se penalice a determinadas poblaciones

La ruptura del consenso lingüístico en el empleo público y el aluvión de suspensos en Selectividad obligan a recordar que el euskera debe mantenerse como punto de encuentro entre diferentes para consolidar su avance. Un objetivo que puede verse lastrado si hay un riesgo de segregación. El acuerdo entre PNV y Bildu para blindar por ley la lengua vasca en las oposiciones supone la creación de un bloque abertzale en un asunto muy sensible para la estabilidad de Euskadi. A la vez, consuma la quiebra del pacto entre jeltzales y socialistas en este terreno, una transversalidad vital para la convivencia. El peligro de dejar en manos de la discrecionalidad de cada Administración el nivel de exigencia lingüística es que se penalice a determinadas poblaciones, especialmente las migrantres o las menos vascoparlantes, con una barrera por origen y clase. La brecha aflora en la Prueba de Acceso a la Universidad con peores notas en el modelo A, salpicado por el escándalo de los ceros. La revisión de los exámenes de Euskera no ha atajado la comprensible frustración entre los alumnos que han visto truncados sus sueños universitarios. El sistema educativo es capaz de remontar un bache, pero no se puede permitir el fracaso.