Gabriel Albiac-El Debate
  • Para mí, sigo teniendo la plena certeza de que la presunta señora Mínguez no existe. Nada real podría ser tan perfecto

¡Hay que ver qué cosas inventa la IA! Eso me dije, al abrir el simpático vídeo. El horroroso peinado proclamaba a gritos, aun antes de activar el sonido del engendro, que aquello era uno más de eso que llaman ahora un fake: o sea, en el román paladino de toda la vida, un camelo como una catedral. Nadie puede, de verdad, peinarse así. Di con el difamatorio artefacto al azar de la red. Más tarde, me encontré con su remake en la versión jocosa de los malvados muñecones de El Debate.

Cuando le reboté aquella malvada broma falsaria de la rubia de bote en bucles largando disparates a un amigo, se me rio en las barbas. «No te enteras. Eso te pasa por no tener tele. La de los bucles de oxígeno reforzado es una respetable dama real. Hasta tiene nombre. Y cargo de relumbrón en el partido de Sánchez. El cual Sánchez, aunque no te lo creas, no es tampoco un títere de Barrio Sésamo».

Era maravillosa. Demasiado maravillosa para ser verdadera. Había hecho, de entrada su sollozante elegía sobre los pobres desafortunados a los que, por mor de la perversa Ayuso y sus promocionados «fondos buitre», estaban siendo desahuciados en este país a puñados. Fue entonces cuando la perversa periodista preguntó a la que aparentaba ser portavoz del PSOE sobre cierto gran tenedor, ejecutante del desahucio de unos cuantos inquilinos bajo su égida. El cual tenedor –treinta pisos en alquiler y un par de exóticas sociedades en Panamá, lugar de estricto rigor fiscal, como todo el mundo sabe– resultaba, por azar naturalmente, ser cónyuge de la tal portavoz.

Una más que justa ira jupiterina torció su gesto. Y, en agrio tono choni de alta escuela, proclamó: «Mire, a mí, el ataque personal…, de verdad que es lo peor que hay en política». ¡Caramba! Uno aprende siempre algo nuevo cada día: el beneficio conyugal por vía inmobiliaria, es asunto personal. Sin duda. También, cuando la beneficiaria llama «fondos buitre» a los que puedan ser competidores de su «personal» pareja en el negocio. Todos buitres, menos yo y los míos: un clásico.

La de los míos es «una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad». Las de los demás son «pymes carroñeras…; y para defender el derecho a la vivienda estamos los socialistas», sí señor. Para ponerlos a salvo de los «fondos buitres». ¡Sublime! Eso sí, «si hay un inquilino que no paga, se le desahucia», faltaría más. «¡No voy a tolerar que me hagan ustedes ataques personales!» Caramba. Más que un ataque, se diría que aquello había sido una pregunta. Pero una portavoz del partido Sánchez no está para avenirse a cuestionar su conyugal patrimonio. Conclusión, con mirada desafiante a cámara: «la ley funciona». Para la rubia que gesticula en el divertido vídeo, por supuesto que funciona. ¡Hay que ver, hay que ver qué cosas tan divertidas puede manufacturar la IA!

Pues eso. Que a mí –ingenuo que soy– ni se me pudo pasar por la cabeza que aquello pudiera ser más que lo que dicen hoy llamarse un fake –o sea, en español, un camelo– de los muchos con los que a diario nos deleita la simpática payasona a la cual llaman IA (AI, para los más anglófilos). Y que aún hoy no acabo de creerme que la señora que emergió en la pantalla de mi ordenador sea otra cosa que una compleja trama de códigos digitales ingeniosísimamente combinados por el más burlón de los algoritmos. Poco verosímil, eso sí. Para mí, sigo teniendo la plena certeza de que la presunta señora Mínguez no existe. Nada real podría ser tan perfecto.