Iván Libreros-Vozpópuli
- Feijóo envía a Mérida a su hombre de confianza para que supervise las negociaciones, unas que tienen de plazo hasta el 3 de marzo, fecha de la investidura
Génova se convenció hace unos días de que la única vía para entenderse con Vox es abordar las negociaciones autonómicas con un prisma nacional. Romper el mantra extendido por Bambú de que «hay varios PP», en referencia a cómo cada barón tiene una opinión distinta sobre su relación con la formación ultraconservadora.
Feijóo, tras aguardar paciente durante más de dos meses a que María Guardiola llegase a un acuerdo para su investidura, y a expensas de que Azcón cerrase la suya, decidió dar un golpe encima de la mesa. En menos de 24 horas, el PP proclamó que tutelaría a sus barones, además de hacer público un documento marco con diez puntos básicos y fundamentales que debían ser aceptados en todas las regiones, sin excepción.
Un paso al frente que se evidenció con el traslado de Miguel Tellado, secretario general del PP, a Mérida, donde acompañará a la baronesa extremeña en sus conversaciones con Vox para acelerar el pacto y evitar «el bochorno» de la repetición electoral. En Génova hay gurús, analistas y mentes brillantes, pero cuando Feijóo necesita resultados ya sabe dónde acudir.
El ferrolano se ha convertido por méritos propios en el ‘Señor Lobo’ del Partido Popular, el hombre sobre el terreno que desengrasa los atascos. Los que le conocen bien saben que su lista de tareas es interminable. Tellado tiene que estar pendiente de todo, desde una reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha hasta el aquelarre en Alicante en las últimas horas de vida política de Carlos Mazón, pasando por las fricciones y desazones del día a día.
Tellado, una misión a contrarreloj y el 3 de marzo
Empotrado en la capital extremeña, Tellado tiene cinco días para coordinar con María Guardiola el tratado que consiga hacerla presidenta por segunda vez en su vida. La empresa es harto complicada, tal y como deslizan ayer fuentes ‘populares’ al más alto nivel en los pasillos del Congreso, pero «no imposible».
Sobre el papel, el PP ha pintado su viaje con perspectiva únicamente de consejero y oyente, pero la realidad es que Tellado es el primer filtro entre lo que se hable y Feijóo, que es quien sellará cualquier propuesta que considere viable. El acelerón de los últimos días ha puesto en alerta a los ‘populares’, quienes deslizan por todos los altavoces posibles la idea de que «por nosotros no será, estamos poniendo todo para que haya acuerdos».
Al margen de cuestiones programáticas, o del conteo final de consejerías, existe un agravio personal entre la dirección de Vox y la figura de María Guardiola, un desencuentro que no existe con Azcón o Mañueco, por citar a otros implicados en negociaciones presentes y futuras. ¿El problema? El impenitente calendario que sigue descontando días del calendario.
El PP tiene hasta el 3 de marzo para convencer a los de Abascal, aunque la teoría de que «no están por la labor de cerrar nada antes de Castilla y León» empieza a extenderse. El «hombre de las mayorías absolutas», como se conocía a Tellado en el entorno de la política gallega, tiene 120 horas para evitar las urnas, un golpe moral a Guardiola que todos los activos clave del partido intentan evitar a toda costa.
Evitar la repetición electoral a toda costa
«Con un 42% del voto no podemos estar en esta situación», apuntan fuentes ‘populares’. «El documento marco no puede molestarles porque incluye todo lo que defienden», explican desde Génova en relación con el enfado de Abascal en la mañana del martes con la publicación del famoso decálogo, el cual se redactó en la tarde del domingo en la sede del partido.
Según pudo saber ayer Vozpópuli, en el PP todavía no «son conocedores» de que parte del acuerdo ofrecido a Vox para gobernar en Extremadura es el que «no terminan de ver». Ahora mismo, reina más el pesimismo que el optimismo en las filas liberales, pero en política, como en la última semana del mercado de fichajes, todo es posible.
Vox quiere tener peso en la ejecución de políticas clave como la inmigración y la igualdad, amén de eliminar impuestos como el de los 70 millones a la central de Almaraz.
Para eso ha enviado Feijóo a su hombre para todo a Mérida, una tierra que ha pasado de la tranquilidad a ser un western en diferido de las derechas. Extremadura es el primer escalón en la reconstrucción de España tras siete años de sanchismo, pero es tarea del centroderecha ponerse de acuerdo y no despreciar el sentir ciudadano, que les ha otorgado una mayoría solvente para sanar la nación.