Mikel Buesa-La Razón

  • Estamos, pues, ante una fantasmagoría con la que el gobierno trata de disimular la prosaica insuficiencia institucional que el país exhibe con respecto a los problemas de la salud pública

No hay nada mejor que una crisis para crear el escenario en el que la apariencia se vuelva realidad. Eso es lo que, una vez más, ha mostrado Sánchez en su rueda de prensa con el director general de la OMS, con ocasión del desalojo del crucero MV Hondius. Ha sido «un éxito», han dicho ambos, como si el problema fuera desembarcar a turistas y tripulantes –algunos, incluso, contagiados por el hantavirus–para repatriarlos a sus países de origen, y no el de afrontar el riesgo de un episodio infeccioso –grave por su tasa de mortalidad– que pudiera extenderse sobre un amplio número de países. Claro que, por lo que a los españoles respecta, la geografía que importa es la nuestra y, de momento, a lo que ha contribuido el desembarco es a extenderla desde el archipiélago canario al centro de la península. Estamos, pues, ante una fantasmagoría con la que el gobierno trata de disimular la prosaica insuficiencia institucional que el país exhibe con respecto a los problemas de la salud pública. Eso, con el agravante de que fue a ese mismo gobierno al que le tocó bregar, hace seis años, con la tragedia del coronavirus en aquella primavera en la que la muerte se anunciaba por todas partes y lograba su propósito, de una manera especial, entre los ancianos. Pues, en efecto, fue ese gobierno el que, armado de unas severas restricciones a las libertades públicas –que el Tribunal Constitucional declaró contrarias a la Carta Magna–, obtuvo uno de los peores resultados comparativos en el ámbito europeo, no sólo en el terreno sanitario, sino también en el económico y social. Y entonces descubrió que el tupido velo fantasmagórico hace milagros políticos porque sumerge a casi todos en una ensoñación olvidadiza –aunque algunos, por si acaso, aún tengan el dedo pegado en el gatillo de la memoria– que todo lo justifica y, tergiversándolo, lo convierte en exitosa conquista. Incluso, ya que estamos en lo de los contagios, a la aún inédita Agencia Estatal de Salud Pública, que, de momento, sólo existe en las páginas del Boletín Oficial del Estado, pues, por carecer, carece de todo –de sede, de personal, de dinero–. Así que en eso estamos: en pelota pero contentos.