- A un presidente cuya única arma es su capacidad para ostentar siempre la iniciativa sólo se le gana caminando un paso por delante de él.
La rutina en el Congreso de los Diputados suele ser siempre la misma. La oposición deja una pregunta por escrito en el orden del pleno del día. Luego la lee en el hemiciclo, Pedro Sánchez responde lo que le da la gana y aquí paz y después gloria. Como si usted entra en la panadería a por un croissant y sale con un periquito.
A veces la rutina cambia un poco, aunque no demasiado. Si a Sánchez se le antoja responder la pregunta porque le viene al pelo para engarzarla al mantra habitual Ayuso-ultraderecha-Mazón, la responde. O, mejor dicho, la utiliza como palanca.
Si no le conviene responderla, en cambio, el presidente recita el mantra habitual Ayuso-ultraderecha-Mazón, aunque sin engarzarlo con nada. A portagayola.
Y así es como los debates en el Congreso se han convertido en un soporífero diálogo de besugos («¿qué hora es?», «manzanas traigo») en el que la oposición deja preguntas por escrito que el presidente utiliza como simple punto de partida para una respuesta prefabricada que inevitablemente desemboca siempre en lo mismo: el fascismo.
Pero hoy, miércoles 19 de marzo de 2025, Alberto Núñez Feijóo ha tenido un pequeño, casi imperceptible, gesto de maldad que le ha permitido ganarle una mano a Sánchez.
Algo no tan importante por la mano en sí, irrelevante en el gran esquema del universo de la política española actual, como porque demuestra que en ese universo no es hoy tan importante la seriedad, la fiabilidad y la honradez como la iniciativa. A ver si algún que otro asesor de Génova se da por aludido y empieza a sacar colmillo.
Lo importante, como decía Johan ‘Tautologías’ Cruyff, es tener la pelota.
Porque si la tienes tú, no la tiene el contrario.
En política, la iniciativa es un juego de suma cero.
Así que lo que ha hecho Feijóo hoy es dejar por escrito una pregunta tan amplia que cabe en ella un universo entero: «¿Va a ofrecer la información que le demandan los españoles?».
Claro, preguntarle a Sánchez por «la información que le demandan los españoles» es como entrar en el Corte Inglés y preguntar «¿qué venden ustedes aquí?».
¿Por dónde empiezas?
¿Por Ábalos, Koldo y Aldama?
¿Por Santos Cerdán y los sobres con dinero que llegaban (presuntamente) a Ferraz?
¿Por su hermano?
¿Por su mujer?
¿Por la cesión de las competencias de inmigración a Junts?
¿Por ese reparto de menas en el que a Cataluña le tocan 26 y a Madrid y Andalucía 800?
¿Por la peligrosa sintonía putinista de sus socios de EH Bildu, Podemos y ERC?
¿Por Zapatero y sus todavía más peligrosas conexiones chinas y venezolanas?
¿Por el fiscal general del Estado?
¿Por lo que le debe el PSOE a Marruecos?
¿Por los intentos del Gobierno de controlar, asfixiar y/o destruir a la prensa que informa sobre los casos de corrupción que le rodean?
¿Por sus intentos de convertir el Poder Judicial en una delegación de Ferraz?
¿Por la okupación de todas las instituciones del Estado okupables?
Entiéndanme: Sánchez acabaría antes si le preguntaran por el sentido de la vida que si le cuestionan «por la información que demandan los españoles».
Así que Sánchez ha leído en el orden del día la pregunta de Feijóo y ha dado por supuesto que el líder del PP le estaba preguntando por Ucrania, Putin y el aumento del presupuesto de defensa exigido por la UE.
Sr. Sánchez, con lo que le gusta controlarlo todo, es mala suerte que no se entere de lo que le rodea. pic.twitter.com/Yxqtfpuxym
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) March 19, 2025
Pero Feijóo ha leído su ambigua pregunta y ha añadido, a traición, el contexto: el de la noticia publicada por el semanario francés Le Point que dice que Óscar López se reunió con los ejecutivos de Vivendi en París para obligarles a vender su participación en Prisa a los accionistas cercanos al PSOE.
Luego, siempre según Le Point, el ministro y Marc Murtra, el recién nombrado presidente de Telefónica, habrían amenazado a la empresa francesa con dejar de insertar publicidad en la agencia Havas, propiedad de Vivendi.
Es decir, un chantaje (no se me ocurre un término más leve) a cargo de un ministro y todo un presidente de Telefónica, en beneficio de los intereses personales de Pedro Sánchez. Siempre según Le Point.
Pero Sánchez, incapaz de improvisar una respuesta (algo muy significativo en sí mismo porque demuestra que el presidente está sobrepasado y carece ya de la agilidad mental para cambiar el paso sobre la marcha), ha recitado la respuesta que traía preparada sobre Ucrania, Putin y el aumento del presupuesto de defensa.
Cuando Feijóo, en su turno de respuesta, ha informado al presidente de que no había respondido a su pregunta, sino lo que le ha dado la gana, Sánchez le ha contestado «me alegro de que se dé por enterado de la política de defensa».
Y ha seguido sin contestar a Feijóo.
Sánchez, evidentemente, no caerá por esto. Pero el episodio demuestra que a un presidente cuya principal y casi única arma es su capacidad para ostentar siempre la iniciativa frente a una oposición a remolque de lo que se le antoje a él sólo se le gana, al menos retóricamente, caminando un paso por delante.
Es decir, marcando la agenda.
Es decir, liderando.
Conviene que Feijóo, que hoy andaba contento por esa pequeña victoria en el Congreso de los Diputados, tome nota de lo ocurrido y, sobre todo, vaya encontrándole el gusto a eso de ver al presidente a su espalda, batallando por seguir su paso.
El día que a Feijóo le guste ver sufrir a Sánchez empezará a ganar las elecciones.