Rosario Morejón Sabio-El Correo
- El malestar no equivale a despreocupación por el progreso de los extremismos
Las elecciones locales celebradas en Francia el 15 y el 22 de marzo en primera y segunda vuelta asientan varias constantes con vista a la presidencial de 2027. Emerge el claroscuro en todas las fuerzas políticas del país al ritmo de la tradicional escisión derecha-izquierda, acompañado por la paulatina implantación de las familias ‘patrióticas’. La diversidad en los consistorios constituidos deja un mensaje fuerte: el escrutinio hacia El Elíseo 2027 no está ganado de antemano; el voto de los franceses no se decanta por nadie; las campañas resultarán decisivas en un país consciente de los futuros compromisos nacionales.
La expectativa de un segundo turno entre Jean-Luc Mélenchon (La Francia Insumisa, LFI) y Marine Le Pen, (Reagrupación Nacional, RN) en la próxima elección presidencial preocupa a la mayoría de franceses. Especialmente cuando el llamado ‘frente republicano’ se ha esfumado. La fuerza de los extremismos de izquierda y de derecha mantiene su vigor, diluye los partidos tradicionales entregados a sus pugnas por encontrar algún jefe de filas viable y araña feudos socialistas o gaullistas entre los desencantados de la política.
En su particular lectura de los resultados, la noche del 22, Bruno Retailleau, ex ministro de Interior tanto con François Bayrou como con su sucesor, Sébastien Lecornu, precisaba: «Somos todavía la primera fuerza política local». Presidente de Los Republicanos, pensando en la presidencial, afinó: «La derecha estará en primera línea para luchar contra la extrema izquierda y sus cómplices. La ‘mélenchonización’ de la vida política es un veneno que puede matar la democracia. Existe otra vía entre los ideólogos de LFI y los demagogos de RN».
La derecha tradicional mantiene ciudades pequeñas y medianas; incluso supera a la izquierda en Besançon, Limoges, Clermont-Ferrand (socialista desde 1944) y Brest. Pese a ello, Los Republicanos siguen ausentes de las metrópolis. De las 42 urbes superiores a 100 000 habitantes, solo rigen en once. Pierden Nimes pero repiten en Toulouse, epicentro de la industria aeroespacial y de defensa, donde los empresarios advirtieron de los riesgos de aventuras ‘pacifistas’. En la Ciudad Rosa, el candidato socialista -tercero en la primera vuelta- se alió con el representante de la extrema izquierda para desplazar a Jean-Luc Moudenc (Diversas derechas). Estas alianzas LFI-PS de segundo turno resultaron en un fracaso en todo el Hexágono: en Toulouse repite el edil saliente con un 53,8%.
Las combinaciones de izquierda para la segunda vuelta exhiben una moribunda Nueva Unión Popular Ecologista y Social (Nupes). Los pactos entre socialistas, ecologistas e insumisos mantienen Lyon y Nantes. Algo excepcional. En muchos ayuntamientos estas ‘fusiones técnicas’ han propiciado pérdidas o impedido conquistas prácticamente seguras. La presencia de LFI en las listas restó votos. La estrategia del conflicto y la revolución de Mélenchon sume a la izquierda en un mar de divisiones y un irreconciliable bloqueo. Los aspirantes socialistas que han optado por sus siglas se han visto favorecidos. París, Marsella, otros municipios social-ecologistas salvan el expediente y son motivo de comparación entre la consigna perdedora del secretario general, Olivier Faure, y la de sus compañeros deseosos de librarse de LFI. Jérôme Guedj saca conclusiones: «¡Hay que preservar nuestros valores. La socialdemocracia unida a LFI no gana!». Las consecuencias más serias afectan a los ecologistas. Pierden Burdeos, Besançon, Poitiers o Estrasburgo. Se consuelan con mantener Lyon y haber permitido la resistencia socialista en Nantes. Se augura mal pronóstico a una agrupación de las izquierdas para la presidencial de 2027.
Derrotado en Toulon, RN conquista numerosas ciudades medias en sus zonas de implantación, aunque también en feudos tradicionalmente de derecha. Sus candidatos en Castres (Tarn), Montargis (Loiret) y La Flèche (Sarthe) han aprovechado la falta casi total de un frente republicano al día siguiente del primer turno. Las 70 ciudades reivindicadas por Jordan Bardella prueban que la formación lepenista se apoya en un enraizamiento electoral que nunca había sido tan potente. Salvo que el techo de cristal, cada vez más fino desde 2022, existe en las aglomeraciones medias y las metrópolis. Una parte del electorado no está preparada para girar a la ultraderecha.
Estas municipales demuestran que los electores galos no se desinteresan de la política, especialmente cuando los desafíos acucian. Es cierto que la abstención ha crecido -42,8% en primera ronda, 42,18% en la segunda- pero hubo una movilización adicional en la semana intermedia para frenar listas de LFI en unas ciudades, de RN en otras. Si la desconfianza, la rebeldía y el malestar democrático son siempre reales en Francia, los ciudadanos no son indiferentes a la progresión de LFI ni a la posible llegada de la extrema derecha a altas responsabilidades. Esta reacción ya había quedadoprobada en las elecciones legislativas adelantadas de 2024.