- De una tacada, incluyo mi defensa del derecho de Israel a existir y a defenderse; que el aborto debe regularse en términos de lo que sigue penalizado y lo que no, jamás en términos de derecho fundamental; que a la izquierda no hay que concederle ni un milímetro, y que los impuestos son un robo
La era posmoderna, en busca de una nueva modernidad, sigue bajo las formas de la sociedad de opinión pública. Lo nuevo, lo que mantiene desorientados a grandes y pequeños agentes —pese a que el fenómeno difícilmente pueda seguir calificándose de nuevo—, es que la opinión pública ya no se crea a partir de unos pocos vectores poderosos, los medios tradicionales o mainstream (los de la corriente principal, literalmente), sino que adquiere formas infinitas. Puede responder, en el día a día, a normas propias de la teoría del caos, y presenta numerosas facciones como resultado de la complejidad inabarcable de una estructura reticular inmensa y creciente. Entiéndase facciones como grupos que se multiplican dentro de cada una de las viejas categorías de segmentación política.
Izquierda y derecha, sin más, son brocha gorda desde hace un siglo. Su mantenimiento solo indica pereza. Queremos saber si esa derecha es conservadora o bien socialdemócrata en lo programático, toda vez que la vieja izquierda se ha radicalizado en su conjunto. ¿Es patriótica? ¿Es liberal? Pero ese liberalismo, ¿es libertarian o convencional? En el segundo caso, puede pertenecer a los nuevos socialdemócratas (situados a la derecha por pura revisión topográfica), a los conservadores, a los patriotas… Si es libertarian, ¿lo es de la corriente aynrandiana, de filosofía flácida pero argumentación difícil de refutar, antirreligiosa e ingenuamente materialista? ¿O es de la vía Milei, radicalmente liberal, con sentido humano, filoisraelí, contraria al aborto como derecho fundamental, guerrera cultural, con resultados económicos asombrosos?
¡Vaya sacudida la de Milei! Hasta ayer, cuando uno se declaraba liberal se le suponía salido de fábrica con una colección de convicciones sobre el sexo y la muerte. Eutanasia y aborto para empezar, pero no como desgracias que la vida a veces te pone en el camino, sino como conceptos deseables. Por esa aberración, claro, no puede avanzar nadie cuyo intelecto y sentido de la moral le haya ido llevando hasta un ideario que merezca el nombre de liberal. Y sin embargo, ahí están.
No hay grupo en el Parlamento Europeo más consagrado a las causas contrarias a la libertad individual que el llamado Grupo Liberal. Viven entregados a imaginar nuevas restricciones a la libertad con la excusa del cambio climático; priman vivamente la causa LGTBIQ+, que mágicamente presume la ideología a partir de la orientación sexual (lesbianas, gays y bisexuales). Me declaro liberal, pero eso ya no sirve. ¿Libertarian? Ojo, uso el nombre en inglés porque si dijera libertario estaría evocando el movimiento anarquista, principal autor del genocidio religioso en la España de los años treinta. Así que el mejor modo de orientar a mi interlocutor es explicarlo de este modo: soy libertarian de Milei.
De una tacada, incluyo mi defensa del derecho de Israel a existir y a defenderse; que el aborto debe regularse en términos de lo que sigue penalizado y lo que no, jamás en términos de derecho fundamental; que a la izquierda no hay que concederle ni un milímetro, y que los impuestos son un robo.