Cristian Campos-El Español

Cada día que pasa parece más factible una convocatoria de segundas elecciones para el otoño, pero ¿por qué le conviene a Pedro Sánchez ir a esos segundos comicios?

 

1. Para analizar las intenciones de Pedro Sánchez a medio y largo plazo hay que tener en cuenta que no es un ideólogo ni un líder con firmes convicciones políticas más allá de una identificación muy superficial con las modas, más que con los principios, de la socialdemocracia.

2. Sánchez es un oportunista de la política, dicho sea sin ánimo peyorativo: el oportunismo es una táctica arriesgada, pero legítima, y prueba de ello es su propio ascenso al liderazgo del PSOE.

3. La apuesta por una reforma de la Constitución que conduzca a un cambio de la forma de Gobierno hacia una república federal puede ser el objetivo a medio o largo plazo del PSOE, pero no es un plan realista o realizable a corto plazo.

4. Más realista es la evidente complicidad con unos nacionalismos que, puestos entre la espada del PP y la pared del PSOE, preferirán siempre la pared puesto que su electorado penaliza menos los pactos con los socialistas que con Casado o con Rivera. Este es uno de los principales activos del partido socialista en estos momentos. 

5. La mencionada identificación de Sánchez con las modas de la socialdemocracia es, por su lado, más ventajista que sincera. Las modas a las que Sánchez se adhiere no son nunca las relativas a verdaderas urgencias políticas sino aquellas que más pueden dañar a sus adversarios políticos.

6. El ejemplo más evidente de ello es ese feminismo selectivo que pone el acento en una ‘manada’ u otra en función de cuál de ellas encaja con la cosmovisión de la izquierda y cuál la contradice: ‘manadas’ de ciudadanos españoles, sí; ‘manadas’ de MENA, no.

7. Lo segundo que hay que saber es que Sánchez es, con toda probabilidad, el presidente español con más instinto de poder de todos los que han ocupado la Moncloa desde 1978. En la práctica, eso quiere decir que Sánchez aplicará las tácticas dictadas por otros, aunque contradigan los principios de la socialdemocracia, siempre y cuando eso le garantice ocupar la Moncloa.

8. Esos ‘otros’ son en realidad uno. Iván Redondo, director de Gabinete del presidente y el verdadero estratega del PSOE. Es Redondo el que marca los objetivos a largo plazo del partido socialista y el que determina las tácticas necesarias para alcanzarlos.

9. Lo tercero que hay que saber es que el CIS ha dejado de ser lo que era, es decir un centro de investigaciones sociológicas, para convertirse en un generador de realidades electorales.

10. Dicho de otra manera. Los sondeos del CIS no retratan la España real, sino la que desea el PSOE. Si alguien quiere saber cuáles son los objetivos del PSOE, sólo tiene que echarle un vistazo al último sondeo del CIS. Ahí está todo el plan, expuesto a la luz del sol.

11. ¿Qué retrata el último sondeo del CIS?

Una España con un PSOE al borde de la mayoría absoluta.

Un Podemos en caída libre.

Cs por encima del PP, pero sin crecimiento reseñable.

Un PP con una leve subida por la vuelta de algunos votantes huidos a la formación de Santiago Abascal, pero que no recupera ni por asomo sus niveles preVox.

Un Vox en descenso, pero aún con el suficiente peso demoscópico y sobre todo político para desestabilizar a PP y Cs.

Partidos nacionalistas en máximos históricos.

12. A largo plazo, el objetivo es el retorno a un bipartidismo desequilibrado a favor del PSOE, con el partido socialista ocupando todo el centro político y la izquierda, además de la mayor parte de la extrema izquierda tras la reabsorción de Unidas Podemos.

13. Ese escenario prevé que el PP haya reabsorbido a su vez a Vox. Pero deberá cargar durante varios ciclos políticos, precisamente por ello, con el sambenito de albergar en su seno a la extrema derecha. El PSOE juega, en fin, con la idea de un PP desactivado como alternativa de centro y centroderecha. No parece que el PP sea muy consciente de ese plan a largo plazo del PSOE. 

14. Ese bipartidismo debería concretarse en dos resultados concretos en las urnas: mayoría absoluta del PSOE o una casi mayoría para la que sólo hiciera falta el apoyo de algún pequeño partido nacionalista. En la práctica, una vuelta a los años en que PNV y CiU apoyaban al partido en el Gobierno a cambio de campo libre en sus respectivas comunidades autónomas.

15. La nota discordante en ese planteamiento es Cs, un partido en crecimiento lento, pero constante, y capaz de obtener los suficientes votos del centro como para desbaratar la estrategia del PSOE.

16. De la misma forma que el CIS exagera siempre el supuesto crecimiento del PSOE con el objetivo de forzar un crecimiento real del PSOE, los medios afines al socialismo divulgan con machacona insistencia la idea de que Cs es un partido en vías de desaparición con el objetivo, obvio, de que esa desaparición se acabe concretando en la realidad, como una profecía autocumplida en piel ajena

17. El sondeo del CIS exagera la magnitud del crecimiento del PSOE, pero ese crecimiento existe. Lo confirman muchos de los sondeos internos realizados por los principales partidos del Congreso tras las elecciones generales.

18. De ahí que el PSOE no tenga ninguna presión para formar Gobierno puesto que todos los movimientos demoscópicos augurados por los sondeos le benefician: subida del PSOE, bajada de Podemos, estancamiento o leve descenso de la derecha en su conjunto, estabilidad de los nacionalismos.

19. Muchos de los movimientos políticos actuales están dirigidos no tanto a formar Gobierno como a preparar el escenario para unas hipotéticas segundas elecciones. Podemos, el rival más directo del PSOE en la izquierda, ha perdido el aura romántica de sus inicios y no supone mayor peligro para Pedro Sánchez. Es cuestión de tiempo que acabe reabsorbido por los socialistas.

20. Cs, por su parte, se ha atrincherado en el «no es no» de acuerdo a su propia estrategia: ocupar el espacio de centro y centroderecha y superar al PP. Pero, sobre todo, resistir esa tendencia al retorno al bipartidismo que ya se empieza a intuir en el panorama político español. En Cs toca trinchera y esperar que las pésimas políticas económicas del PSOE y su alianza con unos partidos nacionalistas emocionales y muy poco leales hagan el resto.

21. En este escenario, el PSOE aparece entre su electorado potencial como el partido «menos culpable» de la convocatoria de segundas elecciones a pesar de no haber ofrecido ningún pacto concreto ni a Podemos ni a Cs más allá de una vaga promesa de un gobierno de cooperación, a Pablo Iglesias, y la nada más absoluta, a Albert Rivera

22. El PSOE, como es evidente, no tiene ningún interés en pactar un Gobierno de coalición con Cs. Si insiste en su abstención, a cambio de nada, es sólo para poder demonizarlo como un partido «que ha girado hacia la extrema derecha». Un supuesto giro que no resiste el más mínimo análisis, pero que cala entre su electorado y, sobre todo, le da el argumento hecho a sus medios afines.

23. Comparen el argumento con el que Isabel Celaá ha defendido su dependencia de Bildu en Navarra («no hemos negociado con Bildu, las formaciones con sus votos hacen lo que quieren, depender es una cosa y que voten es otra») con el argumento con el que Cs responde a los que le acusan de haber pactado con Vox («no negociamos con Vox, que Vox apoye nuestros pactos con el PP no quiere decir que forme parte de esos pactos«).

24. ¿Cuál es la diferencia? Ninguna. Pero Cs es estigmatizado por un inexistente pacto con Vox mientras que el PSOE no merece el más mínimo reproche a pesar de depender de los votos de Bildu o de los de ERC tanto como Cs o el PP de los de Vox. ¿Doble rasero? ¿Superioridad moral? No, control de la agenda mediática y complicidad de los periodistas afines. Incluso los medios de centro y centroderecha compran, parcialmente, esos argumentos.

25. Elemento central de la estrategia del PSOE es Vox. Su sola existencia contamina, desde el punto de vista socialdemócrata, todo lo que roza. En contraste, ninguno de los pactos del PSOE con partidos nacionalistas o populistas de extrema izquierda le suponen el más mínimo menoscabo electoral a Sánchez. Ese es el segundo activo más poderoso del PSOE junto con su condición de ‘opción A’ de los nacionalistas. 

26. Y de ahí que el CIS no dé todavía por muerto a Vox. El PSOE lo necesita en porcentajes mínimos, pero suficientes como para evitar que PP y Cs crezcan en las urnas. Por eso Pedro Sánchez insistió con tanta vehemencia en que Vox participara en los debates preelectorales, hasta el punto de amenazar con no acudir a esos debates si no lo hacía también Santiago Abascal.

27. Vox tiene dos beneficios evidentes para el PSOE. Obliga a la derecha a perder el tiempo en batallas internas con los de Abascal, y permite caricaturizarlos como la extrema derecha. «¿Acaso no veis cómo se pelean entre ellos? Son lo mismo y se pelean por las migajas del pastel del electorado más extremista».

28. En estas circunstancias, PP y Cs tienen todas las de perder frente al PSOE de Pedro Sánchez, a no ser que la magnitud de la crisis económica o una deriva violenta o abiertamente confrontacional del procés separatista catalán fulmine la credibilidad de los socialistas

29. ¿Habrá investidura? Si la hay, será a cambio de nada o de prácticamente nada para Podemos, y de una leve promesa futura de ‘buen trato’ en el caso de los partidos nacionalistas. El PSOE no tiene nada que perder en dicha investidura puesto que unas segundas elecciones mejorarán con toda seguridad su posición en el tablero político. Ya le ocurrió al PP de Mariano Rajoy en 2016, y le ocurrirá con toda seguridad a Pedro Sánchez en 2019. 

30. El modelo del PSOE para España, en lo relativo al reparto de fuerzas en el tablero político, son Cataluña y el País Vasco. Regiones donde existe un partido dominante (PNV) o un bloque dominante (nacionalistas en general, incluyendo en ese espacio a los ‘comunes’ de Podemos y al PSC) y donde las derechas constitucionales son anecdóticas o residuales. Un escenario netamente favorable al PSOE si este logra convertirse, como ya lo fue en los años 80, en el partido ‘por defecto’ de los españoles.