Ignacio Camacho-ABC

  • El cerco procesal ha vuelto verosímil la hipótesis de elecciones en invierno. Pedro puede necesitar una patada al tablero

Ante la semana grande –’aste nagusia’ dice Bustos– del sanchismo en los tribunales, la portavoz del partido ha vuelto a rescatar del argumentario la consigna de que los jueces están acelerando los plazos para «que el Gobierno caiga antes del verano». Quizá sea la primera vez que la dirección socialista acepta implícitamente que la relevancia y la profusión de los escándalos derribarían al Ejecutivo en cualquier régimen democrático. En España no ocurrirá por tres razones: una, porque que los socios parlamentarios están amaestrados y no piensan asumir decisiones que puedan liquidar prematuramente el mandato; dos, porque Pedro no piensa torcer el brazo; y tres, porque en el PSOE no queda ningún poder orgánico capaz de exigir un cambio de liderazgo.

Ya pueden llover chuzos judiciales. El presidente no está peleando tanto por el horizonte electoral como por el penal, que es bastante más desagradable. Lo llama resistencia pero sólo se trata de una vulgar estrategia de escape. El enroque constituye una forma desesperada de eludir las responsabilidades que sabe le serán reclamadas más pronto o más tarde. Probablemente más bien tarde, porque en la hipótesis aún lejana de una imputación –que el Supremo sólo decidiría si dispusiese de indicios tan irrefutables como graves– la débil mayoría del Congreso podría reagruparse para denegar el suplicatorio con la excusa del ‘lawfare’. A estas alturas nadie va a detenerse ante la posibilidad de una crisis constitucional o un choque de legitimidades.

Sin embargo, hasta la obstinación por la permanencia tiene límites objetivos que la realidad irá poniendo de manifiesto cuando se estreche el cerco de los procesos y llegue un momento en que el suelo demoscópico corra riesgo de hundimiento. El laboratorio de Moncloa maneja a tal efecto planes alternativos por si necesita acortar los tiempos y sacudir el tablero. Ahí encaja el anuncio de la presentación de los Presupuestos, que esta vez tiene al fin visos serios dado que Sánchez no puede comenzar el curso sin ofrecer nada nuevo. Si lograse aprobarlos obtendría aliento para completar la legislatura y si el Parlamento los rechaza se convertirán en el pretexto para convocar a urnas en invierno bajo un marco de enfrentamiento civil a cara de perro.

Hasta entonces, a la oposición le convendría conservar la paciencia y trascender su airado papel de comentarista de las investigaciones de la Justicia. La derecha sociológica y la política están ofreciendo sensación de impotencia por no mantener la sangre fría. El gatillazo de 2023 demostró que para consolidar una expectativa de victoria hace falta algo más que explotar la fobia antisanchista: un proyecto detallado y razonable de medidas de vivienda, educación, infraestructuras, desarrollo agrícola, inmigración, fiscalidad y economía. Todo eso que antes de la moda del relato se conocía como una propuesta alternativa para convencer a los ciudadanos que pese a la corrupción y la polarización aún votan en función de sus propias condiciones de vida.