- Estos son los mismos sindicatos que a Mariano Rajoy le convocaron dos huelgas en seis meses, entre marzo y septiembre de 2012, cuando apenas había echado a caminar el Gobierno del PP. Los mismos que han protagonizado el más vergonzoso silencio durante los ocho años del sanchismo. Solo porque los compraron, literalmente
La pretensión de los sindicatos de hacer una huelga general, después de estar desaparecidos durante los últimos ocho años y anestesiados con subvenciones millonarias, es una de las acciones más ofensivas que se pueden llevar a cabo contra la mayoría de la ciudadanía española y contra el sentido común. Resulta que UGT y CCOO no han encontrado mejor motivo en casi tres mil días para convocar una huelga general que el temor a que pueda ganar el centroderecha el próximo 29 de noviembre. Yo creía que los sindicatos se dedicaban a defender los derechos de los trabajadores y no actuaban como correa de transmisión de la izquierda y la extrema izquierda. Conceptos, por cierto, difíciles de deslindar en la actualidad española.
La huelga con la que nos amenazan las organizaciones sindicales viene a decirnos que PP y Vox no están legitimados para gobernar. Que solo pueden hacerlo los partidos de izquierda. Hasta ahora las organizaciones sindicales no se han quejado ni protestado por la carestía de la vida, por la subida de la cesta de la compra, por los bajos salarios, por la precariedad en el empleo… El llamamiento a la huelga ahora se debe a su enfado porque llega la derecha. Es decir, son unos auténticos dictadores, más cercanos al modelo cubano o chavista que a la democracia tal y como nosotros la conocemos y defendemos. No les importan nada los trabajadores ni las malas condiciones laborales que han padecido durante estos ocho años de gobierno sanchista.
Estamos ante los sindicatos más parásitos e ineficaces de toda Europa. Sus líderes gastan coche con chófer, tiran de tarjetas, poseen la afiliación más baja de la UE y se permiten decir sandeces siderales como las que tenemos que escuchar de ese monumento a la indigencia intelectual que es Pepe Álvarez. Pero como nosotros sí creemos en la democracia, lo llevamos con resignación. Ellos no. Ellos quieren que la voluntad del pueblo no sea tenida en cuenta.
Estos son los mismos sindicatos que a Mariano Rajoy le convocaron dos huelgas en seis meses, entre marzo y septiembre de 2012, cuando apenas había echado a caminar el Gobierno del PP. Los mismos que han protagonizado el más vergonzoso silencio durante los ocho años del sanchismo. Solo porque los compraron, literalmente. Pues que sepan que la mayoría de la ciudadanía no va a comprarles sus propuestas, incluidas sus prácticas violentas, que deberían volver al Código Penal, ya que la violencia genera violencia y nada tiene que ver con la supuesta vocación de diálogo de los que dicen defender a los menos favorecidos.
Faltan seis días para ver cumplida esa amenaza. Seis días en los que podrían explicarnos cuáles son las reivindicaciones concretas que alimentan esa convocatoria. Me gustaría también escuchar a Pepe Álvarez y a Unai Sordo explicar si aplican los mismos criterios con un gobierno de un signo o de otro. Sobre todo, quiero el firme compromiso de estos «pacifistas» de que garantizarán el derecho fundamental de toda persona a la libertad de trabajo, es decir, la libertad de acudir a su puesto sin cortapisa alguna.
Nadie cuestiona el derecho a la huelga, como tampoco se puede cuestionar el derecho a no secundarla ni el de escribir estas líneas criticando semejante agravio al sentido común.