Pablo Zapata Lerga-El Correo
- Habría que aprobar leyes para elevar el nivel exigido a los que van a participar en los asuntos públicos
A todos nos gustaría vivir en un mundo donde todos fuéramos honrados, aunque sabemos que es una utopía, pues el ser humano es esencialmente frágil. Lo que no es admisible es la sorpresa que nos estamos llevando al ver en puestos de gran responsabilidad pública a personas con tan poca enjundia. Y no es admisible, que cada uno puede hacer con lo suyo lo que quiera, pero lo que es de todos es más mío que lo que es mío. Por tanto, el control de la gestión pública nos compete por el hecho de ser ciudadanos, con nuestros derechos y deberes, y por haber delegado en ellos. No puede ser que personas con tan poca chicha lleguen a ocupar cargos de tanto poder. ¿Nadie los vigila?
Nuestros políticos no vienen caídos del cielo, son la representación de un país amante del trapicheo y la corruptela. No tenemos más que recordar los últimos años de Felipe González, con sus Filesa, PSV, Roldán, Mariano Rubio, fondos reservados, Juan Guerra, Ibercorp, los GAl, más tramas untónomas y dimisión de ministros. Luego vinieron los ERE. Ay, qué pronto se deslucieron las chaquetas de pana con aromas socialistas.
En el PP, varios ministros estuvieron implicados en corrupción, con los tres mosqueteros Rato, Zaplana y Matas. Y eso que Aznar presume de saber elegir a los mejores. Le sigue el ‘caso Gúrtel’, ‘trama Púnica’, ‘caso Kitchen’, Bárcenas, financiación irregular, caja B, ‘M. Rajoy’ y la condena por financiación irregular del partido. Hay muchos más, los cuatro presidentes de la Generalitat Valenciana y tres decenas de condenados en esas tierras de buen arroz y manga ancha. Con Esperanza Aguirre, de cada cinco le salieron seis ranas, pero ella no se intimida, estaba a otras cosas. Dignos de recordar por su zafiedad: López Viejo, Correa, Granados, Ignacio González tejiendo Kitchen, Púnica,’operación Lezo’ y un montón de similar calaña.
En tiempos de Ayuso, quedémonos con las 7.291 personas que murieron en residencias, la privatización de Sanidad y Educación… y que nadie se atreva a indagar en asuntos de pelotazos que rondan a su familia porque llama a sus jueces y sale triturado.
Preparación, experiencia laboral, por qué quieren entrar en política y declaración precisa de bienes al entrary al salir
Los tres de Sánchez, Ábalos, Cerdán y Koldo, son algo burdo e inexplicable. ¿Tan poco bagaje se necesita para ser político? ¿Dónde está la culpa ‘in vigilando’?
No es cuestión de entrar en el ‘y tú más’, todo delito debe ser condenado. Pero si trapichear parece que está en nuestros genes, ante un mal tan real y borbónicamente endémico creo que habría que aparobar leyes para elevar el nivel exigido a quienes van a participar en los asuntos públicos.
1. Currículum de estudios: en otros tiempos difíciles pudo haber gente de gran valía que no había tenido la oportunidad de estudiar, pero hoy día se requiere una preparación.
2. Experiencia laboral: ante las trayectorias laborales tan pobres que vemos, que se hiciera un examen de dónde y cómo ha sido su experiencia laboral. Con frecuencia vemos que es refugio de donnadies que no han demostrado nada ni trabajado en nada, que su mérito ha sido ser aduladores del de arriba. Son los peores, no tienen marcha atrás, ni dónde ir si dejan su buen sueldo.
3. Exposición clara y precisa de por qué quiere entrar en política, sus ideales. Con frecuencia hemos vistos a políticos que han ido cambiando de partido para medrar.
4. Declaración precisa de su hacienda personal al iniciar un cargo político, y lo mismo al terminar, que justifique su patrimonio.
No soy un ingenuo, todos podemos ser falibles, y por eso debe haber una normativa para todos. Así disminuiría la corrupción, nos pareceríamos un poco más a los países nórdicos, donde en el sentido cívico hay unas normas estrictas.
La gente normal no se insulta ni grita. Y viendo la grosería instalada en esos que predican odio entre los ciudadanos y que argumentan con mentiras, déjenme que sueñe. Cómo me gustaría escuchar en el ágora parlamentaria de mi país la voz de los Pericles, Demóstenes, Cicerón, Churchill, Martin Luther King, Mandela. Un José Echegaray, de quien Ramón y Cajal decía que «era incuestionablemente el cerebro más fino y exquisitamente organizado de la España del siglo XIX». Recuerdo a Peces Barba, Pérez Rubalcaba, Julio Anguita, Herrero de Miñón, Roca Junyent y otros, en los que se aunaba la preparación intelectual con la elegancia y educación en su exposición. Sobre todo educación. Los ciudadanos no merecemos esto que estamos viendo, unos personajes grises y extremistas lanzando odio, gritos, embustes y mentiras. No merece la pena ni nombrarlos, pero lo malo es que mucha gente no sabe filtrar ideas y se lo cree. «He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos», dijo Charles de Gaulle.