Ignacio Camacho-ABC
- La existencia de ‘incumplidores’ delata la de cumplidores. Cómplices de la cochambre dispuestos a colaborar en los montajes
Entre los papeles de las cloacas socialistas hay un documento, encontrado por la UCO en poder de Cerdán, que Leire Díez tituló con una palabra inquietante: «Incumplimientos». Se trata de una lista de operaciones diseñadas por la trama que al menos hasta el momento de la redacción del informe no habían tenido éxito porque las personas presionadas se habían resistido al chantaje o simplemente lo dejaron correr en silencio. Funcionarios, fiscales, policías, tal vez algún político, que recibieron la visita o la llamada de Leire sin atender las peticiones de contravenir sus deberes para favorecer los intereses del Gobierno y, en especial, del P.S. en cuyo nombre decía moverse la brigada de ‘fontaneros’. Gente que por la razón que fuera se mantuvo en el verdadero lado correcto.
Lo inquietante es que la existencia de ‘incumplidores’ presupone la de ‘cumplidores’, es decir, individuos bizcochables dispuestos a colaborar en los montajes. Hombres y/o mujeres capaces de involucrarse en maniobras subversivas para impedir o entorpecer las diligencias judiciales. Tipos que de un modo u otro aceptaron tomar parte en el heterogéneo montón de intrigas y enjuagues donde la red clandestina de Ferraz desplegaba sus turbias actividades. Saboteadores de investigaciones, traficantes de lealtades, picapleitos complacientes, extorsionadores de tercera clase. Cómplices de la cochambre. Por dinero, por afinidad ideológica, por ambición oportunista … o por la convicción de que se trataba de ayudar a Sánchez.
La oposición y la UCO sospechan que la directora de la Guardia Civil estuvo entre quienes se prestaron a los requerimientos de Díez, en su caso para frenar pesquisas, amonestar a agentes y proteger a un mando relacionado con Koldo y Ábalos. Será la Justicia la que resuelva sobre esos indicios que Mercedes González, como es natural, rechazó ayer en el Senado, esa noble institución cuyas comisiones de investigación no investigan nada porque sus miembros saben menos que los investigados. Pero está probado y admitido que mintió al negar sus reuniones con Leire y que intercambió con ella mensajes que luego borraron. Y como decisivo argumento exculpatorio refiere que las citas tuvieron lugar en una cafetería, no en su despacho. Acabáramos.
Pruebe el lector a pedir una audiencia con la responsable de la Benemérita. Encontrará una barrera de secretarias, jefes de gabinete, directores de relaciones institucionales, asesores de prensa. En el mejor de los casos le preguntarán el motivo, le instarán a enviar un correo al departamento correspondiente y tras mucho mareo le darán la callada por respuesta. Ah, es que ellas se conocían, alega, y aun así –¿quizá para que no constara registro oficial de la entrevista?– prefirió recibirla fuera. No dimitirá, por supuesto, ni será cesada porque mentir es una rutina en el sanchismo y porque Marlaska conoce su estrecha relación con el círculo de Presidencia. Qué pena que no figure como incumplidora en el inventario leiriano de rendición de cuentas.