- A estos efectos somete a multinacionales como Telefónica o Indra a su voluble estado de humor, como cuando en mayo de 2021 sustituyó a Fernando Abril-Martorell por el socialista Marc Murtra, quien se mantuvo en el puesto hasta ser designado en enero de 2025 presidente de Telefónica
Mientras el lince de la Moncloa se protege esta Semana Santa en el Palacio de las Marismillas, como si fuera una especie en extinción, sus fontaneros de guardia anticipaban el miércoles, debido a la festividad de Jueves y Viernes Santo, uno de esos «viernes de la basura» en los que aprovechan que la opinión pública ya piensa en el fin de semana y que la prensa está a otras cosas para sacar las inmundicias que el Gobierno procura que pasen desapercibidas. Emplean la técnica de «sacar la basura» de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca, donde el equipo del presidente Bartlett, inspirado en Bill Clinton, ventila cualquier operación maloliente, valiéndose de que la gente y sus altavoces están a otras cosas, sin advertir su trascendencia y trasfondo. Fue una artimaña que el peliculero Iván Redondo, primer jefe de gabinete del presidente, introdujo en la fábrica de la mentira monclovita y que ya engrosa su manual de estilo con la impronta de quien ejerce hoy esa encomienda, Diego Rubio, un teórico de la ‘Ética del engaño’ al servicio de «Noverdad» Sánchez.
Así, luego de que algunos confundieran como un numantino acto de resistencia lo que era el canto del cisne de un empresario que no puede vivir contendiendo con el Gobierno cuando el Estado es su primer contratista ni ponerse a pecho descubierto frente a la fusilería de un BOE que te enriquece o empobrece en una sola línea, la dimisión forzada de Ángel Escribano como presidente de la empresa tecnológica y armamentística Indra, de la que Sánchez hizo oscuro objeto de deseo a raíz de la invasión rusa de Ucrania, refrenda el proceso colonizador de las sociedades del Ibex por el sanchismo. Sin rehuir su intromisión en aquellas otras que, sin participación del Estado, son intervenidas de facto mediante la ley de Opas que se justificó por la excepcionalidad del COVID o sufren el sabotaje gubernativo como en la oferta de adquisición de acciones que lanzó recientemente el BBVA sobre el Sabadell.
La argucia de última hora para defenestrar a Escribano, quien ha caminado estos días con su cabeza debajo del brazo como San Dionisio de Areopagita anduvo tras su martirio, es que existe un flagrante conflicto de intereses en su pretensión de fusionar Indra, de la que el Estado posee el 28 % del capital frente al 14,3 % de los Escribano, con su mercantil familiar aupándole como primer accionista en desmedro de la SEPI. Ahora bien, ¿cómo es posible que ahora se caiga del guindo quien buscó a Escribano en enero de 2025 para comandar Indra y avaló el enjuague envolviéndolo en un vistoso embalaje para presumir de un gran campeón nacional de la industria militar capaz de competir con gigantes europeos? ¿Qué borrón echó Escribano para su súbito relevo que ignoraran Sánchez y su mozo de espadas, Manuel de la Rocha, jefe de Asuntos Económicos de Presidencia, después de bandear este obsceno potingue con los hermanos Escribano como compradores y vendedores al mismo tiempo con la avenencia de La Moncloa hasta emborronar esta operación con una empresa que, además, contabiliza los votos de las elecciones? Después de que el DNI digital lo haya a dejado en suspenso la Junta Electoral, no se trata de alimentar suspicacias, pero Sánchez no es trigo limpio después de beneficiarse de sendos pucherazos en las dos elecciones de las primarias del PSOE que ganó y de su intento de embarazar tras unas cortinas la urna donde se iba a votar su desalojo de la secretaría general a instancias de los barones territoriales tras saltarse las líneas rojas de la organización.
En esa repentina pérdida de confianza con los Escribano, unos empresarios hechos a sí mismos que quizá imaginaron que podían preservar su autonomía luego de beber el vino de Sánchez, subyace el famoso pasaje de A través del espejo, de Lewis Carroll, en el que Humpty Dumpty, el vanidoso huevo antropomórfico, le reprocha a Alicia: «¡Te has cubierto de gloria!». «No sé qué es lo que quieres decir con ‘gloria’», objeta la niña, mientras este se ríe de ella espetándole: «Pues claro que no lo sabes… hasta que yo te lo diga. Lo que quería decir era: ‘¡Ahí tienes un precioso y demoledor argumento!’». «Pero ‘gloria’ no significa «un precioso y demoledor argumento», le rebate. «Cuando yo utilizo una palabra –le aclara Humpty Dumpty con menosprecio–, significa justamente lo que yo quiero que signifique: ni más ni menos». Pero Alicia no ceja: «La cuestión es si tú puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes». «La cuestión es —zanja Humpty Dumpty, como Sánchez con Escribano— quién es el que manda: eso es todo».
En el campo político, la representación de la realidad es a menudo más importante si cabe que la realidad. De ahí que el apoderamiento del significado de las palabras sea tan primordial como el dominio de los parlamentos, y más si estos no cumplen siquiera su deber básico de aprobar los Presupuestos —origen de ellos desde las Cortes de León— y son reducidos a escribanía del Gobierno al no efectuar una auténtica fiscalización por mor de la artificiosa mayoría Frankenstein o no legislar limitándose a ratificar decretos-leyes ómnibus como en las Cortes orgánicas de las dictaduras.
Ahí estriba el trasfondo de este «miércoles de basura» después de que Sánchez situara a su nuevo vicepresidente Cuerpo de espantapájaros de «El mago de Oz» para entretener a la oposición y posibilitarle a él maniobrar entre bambalinas. Emplazando en el tablero del Ibex 35 a sus alfiles del PSC, como sector negocios del federalismo asimétrico que impone en España, envía un aviso a navegantes de su deriva autocrática y de que está dispuesto a mandar —lo de gobernar es harina de otro costal— «con o sin el Parlamento» con el BOE de ‘cañón Bertha’ rememorando aquel obús alemán que pulverizó fortificaciones impenetrables en la I Guerra Mundial bajo el apodo de la heredera del imperio industrial Krupp.
Si con las sentencias del Tribunal Supremo hace confetis, bien indultando directamente a sus condenados o usando para tal menester a su camarlengo Conde-Pumpido en el Tribunal (in)Constitucional, con el IBEX se dota de alfombra en la que limpiarse las suelas de los zapatos después de deambular de colarse de rondón en fiestas -como en la instantánea recuperada por el empresario argentino Martín Varsavsky con el par de caraduras que se le encajó hace años en un festejo suyo- a hacerlo en La Moncloa pasando por los prostíbulos de su suegro y mentor. En suma, para que sepan todos ellos que dependen de su capricho al haber suplantado el imperio de la ley por el de su merced con rayana extravagancia a la del tiránico rey Ricardo III de la tragedia homónima de Shakespeare. Su «hoy no estoy de humor para dar» sintetiza el culmen del poder arbitrario: el hoy sí; mañana, no; a ti, sí; a aquél, no.
A estos efectos somete a multinacionales como Telefónica o Indra a su voluble estado de humor como cuando en mayo de 2021 sustituyó a Fernando Abril-Martorell por el socialista Marc Murtra, quien se mantuvo en el puesto hasta ser designado en enero de 2025 presidente de Telefónica tras decapitar La Moncloa a José María Álvarez Pallete en otro «viernes de la basura». Ahora desembarca en ella –de momento, como presidente no ejecutivo, como Murtra al inicio– a Ángel Simón a quien Sánchez recompensa –el sanchismo sí paga traidores– tras haber sido el puñal del godo con el que abatir al incombustible Isidro Fainé como presidente de la Fundación La Caixa, tras promoverle este a consejero delegado de Criteria, el holding industrial de la entidad bancaria, para blindarse ante La Moncloa y el PSC, amén de entregar en bandeja la cabeza del amigo Pallete.
Con la daga a punto de asestarle el golpe mortal, Fainé destituyó a Simón, quien hizo su carrera empresarial a la sombra primero de Montilla como alcalde y luego de Maragall como president hasta recalar en Aguas de Barcelona, con la excusa de unas divergencias en inversiones estratégicas, pero sobre todo porque no se recataba de ejercer de sucesor al sentirse investido por Sánchez e Illa. Por todo ello, como advierte la Reina Negra gritándole «¡deprisa, más deprisa! a una Alicia que a duras penas puede seguirla, hay que recobrar el Estado de derecho a toda marcha para, al menos, seguir en el mismo sitio y, si se quiere llegar a otra parte como debiera ser, hacerlo el doble de rápido que un autócrata Sánchez que va camino de convertir todos los días de la semana en sus «viernes de la basura».