- No olvidemos que en Francia es perfectamente normal que la clase política se las vea con la Justicia. Nicolas Sarkozy está condenado y todavía le puede caer algo más. François Fillon perdió las elecciones presidenciales por sus problemas con la Justicia en un caso que no dista mucho del que asola a Le Pen
Quienes creemos que la Justicia en España está haciendo una labor imprescindible para la contención de la autocracia y, por lo tanto, la supervivencia de nuestra democracia, no podemos criticar a la Justicia en Francia por condenar a Marine Le Pen. O todos iguales ante la Ley o no hay nada que hacer.
Pero yo sí encuentro algo en la sentencia que es, para mi parco entender, incomprensible. ¿Cómo puede ser que una sentencia del Tribunal Penal de París, que todavía puede ser apelada en instancia superior, sea de aplicación inmediata? El Tribunal podría haber decidido que no lo fuera, pero al tomar esa posición están dando pie a las acusaciones de injerencia en el sistema democrático. El primero en emplear ayer ese argumento fue el portavoz del Kremlin unos minutos después de conocerse el veredicto. Dimitri Peskov calificó la sentencia como «violación de las normas democráticas». Grande. Es muy grande que la dictadura de Putin pueda dar lecciones de democracia a la República Francesa.
No olvidemos que en Francia es perfectamente normal que la clase política se las vea con la Justicia. Nicolas Sarkozy está condenado y todavía le puede caer algo más. François Fillon perdió las elecciones presidenciales por sus problemas con la Justicia en un caso que no dista mucho del que asola a Le Pen. Jacques Chirac fue condenado después de salir de la Presidencia y, por mencionar sólo a los casos que afectan a la Presidencia, apuesto a que François Mitterrand hubiera acabado condenado si no se hubiera muerto.
Es decir, en el terreno político, la condena a Marine Le Pen no es especialmente singular. Pero otra consecuencia de la sentencia es el rediseño del escenario político que provoca. Quienes creen que esto puede frenar al Agrupamiento Nacional pueden llevarse la sorpresa de que el resultado es exactamente el contrario. Es evidente que el Frente/Agrupamiento Nacional bajo la dirección de la familia Le Pen ha sido una historia de éxito en términos de cosecha electoral. La modulación de su discurso ha ido generando una captación electoral cada vez mayor para su partido. En las presidenciales de 2002 en las que por primera vez Jean Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta, mejoró el resultado de la primera en sólo 720.000 votos o un 0,93 por ciento de los sufragios emitidos; en las últimas elecciones de 2022, Marine Le Pen ganó entre la primera y la segunda vuelta 5.155.000 votos. O lo que es lo mismo un 63,4 por ciento de los sufragios emitidos. El progreso es enorme, pero el rechazo sigue siendo muy alto. Porque entre primera y segunda vuelta Emmanuel Macron incrementó su voto en un 91,8 por ciento. Es decir, casi lo duplicó por el altísimo rechazo que genera Le Pen. En este sentido la sustitución de Le Pen por otro candidato del partido, quizá el presidente Joan Bardella de sólo 29 años a día de hoy, puede ser una gran jugada. Con el factor añadido del victimismo. En términos electorales sería mucho más fácil vender un Agrupamiento Nacional diferente con un hombre que tiene hoy 29 años frente a los 56 de Le Pen. Casi el doble. Dos generaciones diferentes.
Pero yo no me resisto a sacar una conclusión más. El lepenismo con cualquiera de sus dos marcas a lo largo de los años ha sido el partido euroescéptico por antonomasia. Aunque como los diferentes partidos del euroescéptico británico Nigel Farage nunca dejaban de presentarse a las elecciones europeas porque al tener un sistema electoral diferente, les permitía unos éxitos que su adorado sistema nacional les impedía. Así, el Frente y la Agrupación nacionales, al no tener dos vueltas, lograban en el denostado Parlamento Europeo una representación muy superior a la que les daba el sistema electoral francés. Ni digamos con los sucesivos partidos de Farage que apenas han conseguido un diputado en las elecciones británicas mientras que han llegado a ganar unas elecciones europeas en el Reino Unido en 2014 y 2019, las últimas que se celebraron. Y Le Pen y otros ocho miembros de su partido han sido condenados por emplear ilegalmente dinero del Parlamento Europeo para gastos de personal del partido. Es decir, para esta líder euroescéptica y –por cierto abortista– de la derecha francesa, el dinero europeo, si era a beneficio ilegal de los suyos, sí que era bueno. Aténgase a las consecuencias.