Editorial-El Debate

  • Donald Trump puede esgrimir la brutal represión de las protestas para sumar a su agenda desestabilizadora otro ataque al régimen

Casi medio siglo después de la Revolución islámica que llevó al poder a Jomeini, la continuidad del sistema teocrático y su restricción de las libertades, y una gestión de la economía presidida por la incompetencia y la corrupción, otorgan un carácter cíclico a los levantamientos populares en Irán. Cuando el régimen pretende dar otra vuelta de tuerca a su conservadurismo, afronta episodios como la ‘revolución verde’ de 2009 después de un clamoroso fraude electoral. Cuando las leyes de la moral buscan estrechar aún más la opresión de las mujeres, las calles arden, como ocurrió hace tres años después de la muerte en comisaría de Masha Amini.

La mecha de la indignación prendió de nuevo hace más de dos semanas, activada por la pérdida de valor del rial, la carestía de la vida y la falta de horizontes para la juventud. Del bazar de Teherán saltó a decenas de provincias del país, y la brutal represión desencadenada por las autoridades convirtió la movilización en enfrentamiento político. Se quiere señalar como novedad en esta situación explosiva la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca y sus declaraciones a favor de «los pacíficos manifestantes», acompañadas de advertencias de intervención. Pero el republicano ya pasó por el Despacho Oval en 2015, para desbaratar el acuerdo nuclear con el que estadounidenses y europeos aspiraban a encarrilar la conflictiva relación con Irán. Con su bombardeo del territorio iraní en junio pasado, Trump dio por finiquitado el peligro atómico. Y ahora, envalentonado por el éxito que atribuye a acciones ilegales como la llevada a cabo en Venezuela, amaga con sumar otra operación militar a su agenda desestabilizadora. De la mano con Israel, siempre presto a apretar el gatillo. Y con unos efectos difíciles de predecir en un régimen debilitado por la pérdida de aliados pero sin aparentes fisuras. Y unos resultados aún más inciertos para las demandas de cambio de los civiles que se juegan la vida en las calles.

La peor respuesta a la valentía de los iraníes vendría de la mano de actores que aprovecharan el río revuelto para sus propios intereses. No resulta creíble este humanitarismo selectivo que respalda a la vez desde hace años el sufrimiento de los palestinos. Entre las opciones que barajará hoy Trump con su equipo de seguridad debe figurar en lugar destacado la disposición de Teherán a establecer un canal de diálogo.