Paula De las Heras-El Correo
- El exministro alega que la deriva de la dirección actual ha conducido al «auge de la extrema derecha», a una pérdida de apoyos y a una «dictadura de las minorías»
El intento del exministro Jordi Sevilla de provocar una sacudida en la conciencia de sus compañeros de partido con la publicación de un manifiesto en el que aboga por superar la política de bloques y volver a ocupar la centralidad política se ha topado, por el momento, con una respuesta más bien tibia. Aunque su preocupación sea compartida por otros miembros del PSOE, son muchos los cuadros socialistas que creen que Sevilla no tiene suficiente peso en la organización como para generar un efecto arrastre, pero el exdirigente socialista confía en haber sembrado una semilla.
En el documento de diez folios y el vídeo que, tras más de un mes calentando motores, dio a conocer este lunes – de momento, sin adhesiones expresas – a través de la plataforma Socialdemocracia 21, el exministro de Zapatero advierte de que deriva actual ha conducido «a un auge de la extrema derecha, a una pérdida de apoyos al socialismo y a una dictadura de las minorías». Y propone un «cambio de rumbo» que, entre otras cosas, pasa por soltar amarras de los partidos populistas e independentistas que, a su juicio, son un obstáculo para una socialdemocracia «reconocible» .
«Algo falla en el modelo cuando, por ejemplo, 2025 cierra con la bolsa en máximos de una década, mientras las familias de clase media y trabajadora apenas si recuperan el poder adquisitivo perdido estos años por la elevada inflación», subraya tras reconocer ha habido medidas positivas. «Hay ciudadanos que, sintiéndose más cerca de la socialdemocracia que de ninguna otra opción partidistas, se están alejando de nosotros porque no se reconocen en el proyecto (…) plegado a las necesidades de votos en el Parlamento que presenta el actual Gobierno», insiste.
En una crítica clara al comportamiento de Sánchez, Sevilla defiende que los partidos son «cauces democráticos de participación política, no sectas dogmáticas en torno a un líder carismático». Resalta, además, que estos «no pueden fallar clamorosamente» a la hora de prevenir la corrupción en su filas (una alusión a los casos de José Luis Ábalos y Santos Cerdán) o las conductas «contrarias a las propias convicciones» (en referencia a los caos de acoso sexual como el de Paco Salazar). Y aboga por establecer otro tipo de relación con el PP, el único partido que, subraya, celebra con el PSOE el aniversario de la Constitución cada 6 de diciembre y al que también emplaza a no seguir «compitiendo por ver quién empuja al otro hacia un mayor radicalismo».
Respeto y desprecio
El jefe del Ejecutivo evidenció, en una comparecencia en la Moncloa, la escasa preocupación que le produce el movimiento de quien fue su colaborador en 2014 y presidente de Red Eléctrica entre julio de 2018 y enero de 2020. Se limitó a manifestar su «respeto». Pero otros miembros del Ejecutivo y la dirección del PSOE fueron incluso despectivos. «No lo he leído, entre otras cosas, porque no me interesa», dijo la ministra de Ciencia y líder de los socialistas valencianos, Diana Morant sobre el manifiesto.
Pocas voces, entre ellas, la del exlíder de los socialistas madrileño, Juan Lobato, saludaron la propuesta. La rival de Sánchez en las primarias de 2017, la expresidenta de Andalucía, Susana Díaz, aseguró que en el PSOE «hay mucha gente en ‘shok’, pasándolo mal y con temor» y también que ha rechazo a la dependencia de Carles Puigdemont. Sin embargo, argumentó que a días de las elecciones en Aragón no es momento de «líos internos».