Editorial-El Correo

  • El arrollador triunfo de la extrema derecha en Sajonia que hace tambalear al CDU del canciller alemán desborda los cortafuegos y confirma el auge ultra en Europa

El triunfo arrollador que sitúa a Alternativa para Alemania (AfD) al borde de la mayoría absoluta en el estado de Sajonia-Anhalt confirma que el auge ultra es una amenaza real en el principal país de la UE, símbolo de la regeneración después de la Segunda Guerra Mundial. La victoria de la extrema derecha ha hecho tambalear los cimientos de esa transición. El golpe ha sido demoledor para los conservadores de la CDU del canciller Friedrich Merz, bajo el síndrome del dimitido Keir Starmer tras verse arrollado por el radicalismo en el Reino Unido. Con casi un 44% de los votos para una formación claramente xenófoba y antieuropeísta, los resultados consechados por AfD en un clima de gran descontento social han desbordado el muro levantado por el resto de partidos. El cortafuegos se ha demostrado insuficiente y la política alemana se ve abocada a replantearse la eficacia de esos cordones sanitarios.

El compromiso de todas las fuerzas democráticas tradicionales para aislar al extremismo e impedir su acceso al poder está a punto de venirse abajo si la izquierda populista de esa región le permite llegar a la sala de máquinas. No solo estaríamos hablando entonces de unos resultados abrumadores para la ultraderecha -superiores a los obtenidos en Turingia en 2024 (32%) pero neutralizados en ese caso por el ‘cordón’-. La llegada de AfD al gobierno de un lander sería un hecho sin precedentes, 80 años después del nazismo. Un drama para la democracia porque detrás de esas siglas, que están a punto de tomar el mando institucional de una parte del país, perviven connotaciones etnicistas de infausto recuerdo para la humanidad. La mina ya está dentro del consenso antifascista con el que se fraguó la República Federal. El reto de desactivarla en otros estados debe unir al resto de partidos para contener la extensión de un radicalismo que planea por medio continente.

¿Qué ha fallado en Alemania, la principal locomotora de la UE y puerta abierta a Europa, para asomarse al abismo? No cabe buscar las respuestas en el populismo de AfD. Ante problemas que pueden ser reales -entre ellos, la brecha de la desigualdad abierta en las clases trabajadoras por la crisis económica y una reunificación que lastró a la antigua Alemania del Este-, la ultraderecha reacciona contra todo en un ataque a las libertades y derechos que, precisamente, permitieron a todo un país recuperarse del peor de los horrores. Ante agravios que pueden ser legítimos, no cabe afrontarlos con atajos que conducen otra vez al odio.