JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA-EL MUNDO

El dirigente socialista no comprende cómo Idoia Mendia, la representante de un partido democrático que tanto ha luchado contra el terrorismo, muestre tal compadreo con un ex integrante de ETA como Arnaldo Otegi.

EL HIJO DE Fernando Múgica, asesinado por ETA, ha pedido la baja en el PSOE a raíz de la cena que compartieron Idoia Mendia y Arnaldo Otegi. ¡Quién no haría lo mismo si viera a la secretaria general de su partido brindando con un ex integrante de la banda terrorista que asesinó a su padre! ¡Quién no sentiría un profundo dolor al contemplar esa fotografía en la que se ve una pareja formada por una representante de un viejo partido democrático y al representante de otro partido refundado sobre las cenizas de los casi mil asesinados por la banda terrorista ETA! Son perfectamente adivinables los pensamientos que habrán invadido la cabeza de la familia de ese dirigente socialista que ya no está entre nosotros porque en 1996 la banda a la que pertenecía Otegi se encargó de acribillarlo cobardemente en una calle de San Sebastián.

Lo que resulta difícil de imaginar es lo que le pasaba por la cabeza a la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, cuando levantó su copa de cava o de txakolí para brindar con el ex etarra. O mismamente durante el tiempo en el que estuvieron juntos cocinando y cenando en una sociedad gastronómica vasca. Sería absolutamente necesario que Mendia nos revelase cuáles fueron sus cavilaciones. ¿Pensó en Fernando Múgica o en Fernando Buesa? ¿O en Juan María Jáuregui o en Enrique Casas? ¿Quizá en Ernest Lluch o en Joseba Pagazaurtundúa… o en Isaías Carrasco? Si hubiese pensado en ellos, habría recordado que fueron militantes de su partido y que fueron asesinados por los compañeros de Otegi que sembraron el terror de Otegi. Asesinados por defender las ideas que han hecho posible que el partido socialista siga vivo en el País Vasco y que ella sea la secretaria general del PSE-PSOE. Gracias al coraje y a la valentía de esos socialistas muertos por ETA y de otros muchos que consiguieron eludir el asesinato, Idoia Mendia puede dirigir hoy a ese partido. Si ETA y Otegi hubieran podido acabar con todos los militantes socialistas, bien asesinándolos, bien porque hubieran huido de esas siglas o de ese territorio, Mendia no sería hoy secretaria general de los socialistas vascos.

¿Qué pensaba cuando levantó su copa y miró a los ojos de quien fue el terrorista que en febrero de 1979 participó en el secuestro del director de Michelin en Vitoria Luis Abaitua? ¿De quien fue acusado por otro miembro de la banda de participar en el secuestro del diputado de UCD Gabriel Cisneros? ¿O que en 2016 manifestó que el salvaje atentado que llevó a cabo la banda a la que él pertenecía en Hipercor, donde pusieron una bomba de 27 kilos de amonal y 200 litros de líquidos incendiarios, «tenía la intención de no matar»? Aunque erró en sus previsiones: murieron 21 personas y resultaron heridas 45… ¿Qué pensó Mendia? Tengo la necesidad de saber qué demonios hacía en esa cena una dirigente de un partido al que pertenezco y del que hasta ahora no había sentido pensamiento negativo. Ni siquiera cuando Roldán limpió la caja de los huérfanos de la Guardia Civil para hacerse millonario sentí tanto enojo como cuando vi la foto que publicó el Diario Vasco y que han reproducido multitud de medios de comunicación con la imagen de la socialista y Otegi.

José María Múgica ya ha explicado las razones que le han llevado a abandonar la militancia en el partido. Se ha ofendido y pisoteado la memoria de todos aquellos ciudadanos, socialistas o no, que fueron víctimas de los compañeros de terror de Arnaldo Otegi. Ahora falta que Idoia Mendia ofrezca las suyas para saber si era José María Múgica quien tenía que abandonar el PSOE o, por el contrario, debe ser la secretaria general de los socialistas vascos la que tenga que tomar ese camino.

HASTA EL momento no encuentro ni una sola justificación ante la actitud de Mendia. Nada hay en mi cabeza que me lleve a pensar que exista una sola razón que justifique semejante falta de ética y de estética. Ni tampoco encuentro un motivo alguno que anime a los dirigentes del PSOE, tanto a nivel federal como a nivel territorial, a mantener el silencio atronador ante semejante ofensa. Cualquiera de esos dirigentes podría invitar a la secretaria general del PSE-PSOE a visitar algunas de las localidades del territorio español para reunirse con las viudas y huérfanos de tantos ciudadanos asesinados por la banda en la que fue miembro activo el comensal de la cena navideña de la vergüenza.

Cuando desde el PSOE y desde otras formaciones políticas constitucionalistas se defiende la idea –que comparto y apoyo– de hacer una cordón sanitario a Vox para aislar a esa fuerza ultraderechista, no tiene sentido que desde las filas socialistas alguien brinde con cava con un terrorista confeso. Que haya trascendido, Vox no ha matado a ningún ciudadano para imponer su ideología. Cierto: estará reclamando una reforma constitucional para ofrecer un modelo de país que yo no comparto en absoluto. Pero si se quiere aislar a Vox, ¿qué hacía Idoia Mendia con un representante de la banda que asesinó a casi mil compatriotas nuestros?

Juan Carlos Rodríguez Ibarra es ex presidente de Extremadura.