Tonia Etxarri-El Correo

La tragedia ferroviaria de los dos trenes de alta velocidad en Córdoba que ha golpeado a tantas familias, cobrándose al menos 41 vidas y arrojando un saldo de cientos de heridos y treinta desaparecidos, acabó por alterar drásticamente la agenda política e institucional. La de todos menos Vox. Los Reyes, adelantando su regreso de Atenas. El presidente del Gobierno, que accedió a suspender la reunión que debía haber mantenido ayer con el jefe de la oposición para dar una imagen de pronta reacción y unidad mientras todas las incógnitas sobre la causa del accidente permanecen abiertas.

Pedro Sánchez y Núñez Feijóo, en esa cita aplazada, tenían mucho qué decirse y poco en qué coincidir. El que debía haber sido el séptimo ‘cara a cara’ desde que el dirigente gallego preside el PP ha dejado un temario extenso en la recámara. En principio, Sánchez solo estaba interesado en pulsar la actitud del PP en el envío de tropas de paz a Ucrania después de haber constatado el rechazo de buena parte de sus socios. Pero Feijóo quería más cancha de juego. Hablar sobre el convulso escenario internacional, más allá de Ucrania. Por ejemplo, sobre Venezuela y sus derivadas en las que siempre sale a relucir el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero. Y sobre nuestra capacidad y disposición para plantar cara a Trump en Groenlandia.

En clave doméstica, desde luego las causas de la tragedia ferroviaria tendrán que figurar en la pauta, en la próxima cita, teniendo en cuenta que el PP, hace tan solo cuatro meses, ya le había preguntado al Gobierno en el Senado por el mal estado de las vías en el tramo del accidente. Pero la polémica reforma del sistema de financiación autonómica que ha desatado tanta contrariedad en las comunidades afectadas tendrá que tener un tratamiento VIP.

Feijóo tenía previsto entregar a Sánchez, en la cita de ayer, la ‘Declaración de Zaragoza’. Ese documento de mínimos firmado por los diecisiete barones (y baronesas) del PP contra la financiación que se negoció de forma bilateral entre el presidente del Gobierno y el de ERC, Oriol Junqueras.

Como el agravio comparativo es un discurso que cala y moviliza (mucho más que la ley del borrado con la amnistía, por ejemplo), el PP está haciendo de los privilegios al independentismo el eje principal de su precampaña electoral en las autonómicas. El reparto desigual se entiende a la primera. Más dinero para Cataluña, menos para Aragón. El presidente y candidato a la reelección, Jorge Azcón, ya ha cogido carrerilla contra el ‘modelo Montero’. Los sondeos vaticinan que el popular podría ganar en las urnas pero sin mayoría absoluta. Aunque con un Parlamento tan fragmentado (hay vida más allá de Vox, con el PAR y ‘Aragón existe’) podría tener la oportunidad de elegir compañeros de gobierno.

Una situación, si se confirma, muy distinta a la que atraviesan en Extremadura, donde la popular María Guardiola topó ayer con el muro de Vox. Con la derecha fragmentada, si Vox sigue subiendo en las urnas, Sánchez –aunque 500.000 votantes se le vayan a los conservadores y liberales y más de un millón de los suyos se abstengan– tendrá otra bola de partido.