- Tampoco se trata de una cuestión religiosa que enfrente a los cristianos (y a otras confesiones religiosas) con los agnósticos y ateos
Gabriel Rufián lo ha expresado con rotunda y antidemocrática claridad. Es preferible soportar la corrupción antes de que gobierne la derecha. La izquierda española heredera de Zapatero es profundamente antidemocrática y, al parecer, indecente. Negar el derecho y la posibilidad de la alternancia es destruir la democracia. Por eso, el comunismo nunca ha sido democrático. Esta es la actitud actual de la izquierda. Solo ella es democrática. Lo demás son restos del pasado socialdemócrata.
El problema de las palabras de Rufián, sin duda sinceras, es que presuponen que la corrupción es una desgracia que le ha sobrevenido a una izquierda que está gobernando de manera ejemplar e irreprochable. Lo que no es cierto. Existen muchos motivos para que Pedro Sánchez abandone el poder antes y por encima de la corrupción. Entre ellos, el principal es su legislación sobre la vida y de manera destacada, pero no única, sobre el aborto y la eutanasia. El derecho, en su sentido clásico de búsqueda de la justicia, ha sido negado y sustituido por su carácter instrumental al servicio del deseo. Pero el derecho solo puede sustentarse en la defensa irrenunciable del derecho a la vida y en el respeto a la norma que prohíbe matar.
No se trata de una cuestión ideológica ni religiosa. Estar en contra de la legalización del aborto y la eutanasia y de su consideración como derechos no es una actitud que debiera ser propia de la derecha. Una izquierda humanista e ilustrada debería oponerse por igual. Durante siglos, la izquierda se ha opuesto a la legalización del aborto y el PSOE aprobó una reforma penal que lo mantenía como delito y solo excluía la aplicación de la pena en unos supuestos. ¿Era el PSOE de derechas? ¿Es que proteger la vida humana es asunto exclusivo de la derecha? En el dudoso caso de que el término «progresista» sirva todavía para algo, no se puede encontrar nada progresista en el aborto y la eutanasia. En este sentido, conviene releer una vieja e impecable Tercera de ABC de Miguel Delibes titulada «Aborto libre y progresismo». Y se argumenta que la derecha quita derechos, cuando la cuestión es precisamente si aborto y eutanasia pueden ser configurados como derechos. Siempre conviene recordar la afirmación de Julián Marías de que la aceptación social del aborto y la generalización del consumo de drogas eran los dos mayores errores morales de nuestro tiempo. Nótese que no se califica al aborto como un error moral. Es una conducta contraria a la moral y al derecho. El error moral consiste en su aceptación social. El mal no es un error moral. Lo que es un error es considerarlo como bueno.
Tampoco se trata de una cuestión religiosa que enfrente a los cristianos (y a otras confesiones religiosas) con los agnósticos y ateos. No es un asunto de pura fe, sino de moral y de razón. Es un caso más en el que se pretende excluir a los católicos de los debates morales y jurídicos. En un aspecto sí es relevante la religión y, concretamente, las religiones bíblicas. Y es el relativo a la fundamentación de la dignidad del hombre. Esa dignidad procede de su condición de criatura creada por Dios a su imagen y semejanza. No cabe mayor dignidad. El lema de la Revolución, solo el lema, es originariamente cristiano. Pero también puede fundamentarse en la antropología y en la racionalidad. En lo que no puede fundamentarse es en el animalismo y en la negación del carácter excepcional de la realidad humana. El rechazo del aborto y la eutanasia es algo tan evidente como la validez del precepto de no matar, del que directamente se deriva.
Lo triste es que haya que llegar a esta eclosión de corrupción para que se vislumbre la posibilidad de que caiga un Gobierno que debería haber caído por otros motivos como la degradación de las instituciones democráticas, el abuso de poder, la conversión de la política en tráfico de votos, los pactos con comunistas y separatistas, la amenaza a la unidad nacional, las mentiras, la gestión de las catástrofes, la política económica y social y, sobre todo, la nefasta política contra la vida y la dignidad humanas. Pocas cosas tan justificadas como la Marcha de hoy por la vida en las calles de Madrid.