Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli

  • El objetivo ya es impedir suspensos, repetición de curso y abandono temprano, asegurar títulos para todos

Llevamos mucho tiempo temiendo que la educación obligatoria quiebre y fracase en la misión de asegurar una sociedad ilustrada, donde la gran mayoría está plenamente alfabetizada y disfruta de una base sólida de conocimientos suficientes para entender el mundo y aprender más. Pero la creciente abundancia de personas incapaces de esto último, fáciles de manipular porque no distinguen hechos y probabilidades de trolas y disparates, obliga a reconocer que la quiebra de la educación obligatoria ya es una realidad.

El fracaso de la educación obligatoria

Es innegable la caída de la capacidad de lectura, escritura, cálculo y reflexión abstracta, y de conocimientos científicos y humanísticos. Convendría medirla en años perdidos: es corriente que un escolar medio de quince años tenga hoy el nivel de uno de diez o doce hace treinta años. Muchos entran en las facultades sin los conocimientos ni las habilidades indispensables para un auténtico grado universitario, aunque gracias al sistema de promoción endogámica no pocos lleguen a catedráticos y a las élites institucionales, porque al menos las facultades prestigiosas permiten hacer buenos contactos.